Este artículo es de Carmen, una lectora andaluza a la que animé a escribir tras enterarme de que vivía en Turquía. Siempre que conozco a alguien que ha abandonado España me gusta saber qué le llevó a decidirse por un país y no otro.

¡Disfrutad!

Judith

Cuando la gente me pregunta por qué me vine a vivir a Turquía, tengo que pedirles que se sienten porque va para largo. Seré escueta: jamás me propuse la idea de venir aquí pero, más que casualidad, a mí me gusta llamarlo destino.

Cómo llegué a vivir en Turquía

Escogí Turquía como destino Erasmus pero, al mes y medio de estar aquí, cuando iba a cambiar algunas asignaturas, se dieron cuenta de que en realidad todo había sido un error informático y de papeleo: no existía ningún acuerdo entre mi universidad de origen y la de aquí. Moví cielo y tierra hasta que por fin se solucionó todo (de aquella manera) y pude quedarme.

En realidad no tenía ninguna idea presupuesta del país al que me venía, así que la cultura y la forma de vida me vinieron de golpe, como un papel en blanco en el que empiezas a escribir brutalmente, a pintarlo, a romperlo, a pegarlo… todo a la vez. Cada día aquí es totalmente diferente y único.

Actualmente me encuentro en Estambul, y he de decir que es una maravilla de ciudad. Es totalmente diferente al resto de ciudades turcas. La mezcla de gente de todos los rincones del mundo hace que salgas cada día a la calle sin saber qué puede pasar.

Estambul turquía

Vista desde el Bósforo del barrio de Sultanahmet, con la Mezquita Azul a la izquierda y Santa Sofía a la derecha

Prejuicios y primeras impresiones

Hay muchos prejuicios a la hora de hablar sobre Turquía. Cuando le decía a la gente de España que iba a venirme a vivir aquí, automáticamente salían advertencias tipo «¡pero que te van a poner un burka!» o «cuidado que la gente allí no es de fiar ,¡que son muy árabes!» (que digo yo que qué tendrá de malo ser árabe, pero bueno…).

Os sorprendería la cantidad de similitudes que existen entre los españoles y los turcos. Y si eres del sur de España, todavía más.

Resulta sorprendente el cariño con el que te acogen aún sin conocerte, te abren las puertas de sus casas sin pedirte nada a cambio. Les encanta que conozcas su cultura, su forma de vida y siempre están dispuestos a ayudarte.

Si acabas quedándote en casa de los padres de alguna amiga o amigo turco, prepárate porque te vas a hartar de comer. ¡Y qué comida, madre mía! Aquí alimentos que provengan del cerdo no hay, pero no los vas a echar en falta, sobretodo a la hora de desayunar: nada de tostadita con aceite y café, aquí hay tomates, pepinos, mil tipos de queso, mermeladas, tortillas, pisto de verduras… y té. Mucho, pero que mucho té. Y empezando así el día, ya os podéis imaginar lo que viene después.

estambul desayunar

Típico desayuno turco

A muchos turcos les sorprende que quiera vivir aquí, porque como sabréis últimamente hay algún que otro problemilla, y ellos no están muy contentos tampoco con el gobierno… pero qué queréis que os diga, más que en Alemania, Inglaterra, o Francia, yo me siento aquí como en casa. Este lugar tiene magia, os lo juro (parezco una hippie bohemia, ¡pero es que es verdad!).

Una de las cosas que más me gusta hacer de vez en cuando es cruzar de la parte Europea a la parte asiática en barco. Eso de estar en medio de dos continentes, cruzando el Bósforo, y ver Estambul desde una panorámica inmejorable, os lo juro que no tiene precio. Bueno sí, 1.17€ el viaje. 0.74 céntimos si tenéis la Istanbul Kart (algo así como el bonobús pero que sirve para todo, metro, ferry, autobuses, metrobús…). ¡Vamos, que así quién no va a querer quedarse aquí!

Estambul

Arte callejero en Turquía

Pero bueno, fuera moñadas y melancolías varias, que me pongo tierna. Podría tirarme horas escribiendo sobre la música, la comida, la forma de vida, el Bósforo, las mezquitas, etc… Peeero, como se trata de un blog de curiosidades, voy a centrarme en el tema que hasta ahora sigue siendo una gran incógnita para mí: los hombres turcos.

Salir con un hombre o con una mujer turca

Si bien es cierto que es un país más abierto de mente de lo que pensamos en el exterior, también es verdad que hay personas que son un poco más recatadas que el resto. Por ese mismo motivo, cada vez que ven una extranjera parece que en su mente nos imaginen dispuestas a tener sexo con cualquier desconocido. Que sí, que hay excepciones, pero a ver, más o menos es lo que hay.

Para que os hagáis una idea, os dejo un vídeo ilustrativo de lo que os podéis encontrar en ciertas zonas:

Me harto de reír con el vídeo cada vez que lo veo, porque es imposible que vivas en Turquía y no te haya pasado algo así al menos una vez. Y en directo es todavía más exagerado.

Lo increíble viene después: a pesar de los prejuicios que yo podía tener ante una actitud así, los turcos resultan ser súper moñas-románticos-empalagosos-diabetesatope. Modo extremo.

¿Le das la mano a uno en la primera cita? ¡Ya sois novios! Para entendernos, lo que nosotros llamamos «rollito de verano», ellos lo entienden como «hola, os presento a mi novia a la que amo con toda mi alma desde la primera vez que la vi, hace tres horas» (me gusta exagerar un poco, normalmente son unas doce).

Pongo el ejemplo de los hombres, pero con las mujeres ocurre igual. De todas formas, si vais a vivir aquí no os preocupéis en si vais a romperles el corazón: a los dos días encuentran a otro/a y ya están enamorados de nuevo.

¿Qué tendrá el aire de Turquía para que fluya tanto amor? ¿Será el té? ¿Serán los rezos de las mezquitas, que nos hipnotizan? ¿Serán los dulces típicos, que llevan demasiada azúcar glas? Yo no sé qué será lo que tiene, bueno en verdad sí lo sé: veinte mil encantos más, aparte de tonterías del estilo que os he contado. Así que tened cuidado y traed pocas pertenencias cuando vengáis de visita, que corréis el riesgo de querer quedaros para siempre.

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Termino el post dejando aquí mi último vídeo en Youtube, aunque no tiene nada que ver con Turquía, se llama «Tener un gato» y, como siempre: ¡si os hace reír me doy por satisfecha! 🙂