Si vas a Inglaterra te darás cuenta de que intentan venderte merchandising y visitas relacionadas con los Beatles de cualquier manera; pues bien, lo mismo ocurre en Austria con Isabel de Baviera (conocida popularmente como Sisí Emperatriz).

Yo, rápida y audaz cuando se trata de pagar algo, creo recordar que acabé apoquinando más de 35€ por toda una serie de visitas a edificios relacionados con su vida. Me enredaron.

Red de Spiderman

Enredada literalmente (si te ha hecho sonreír me puedes regalar un ‘Me gusta’, a la izquierda del artículo)

¿Mereció la pena? Si te interesa cada uno de los museos, sí. Pero yo estudio Historia del Arte, me apasionan las visitas culturales y mi respuesta es que no, no me mereció la pena.
Si vas a Viena cómprate tickets de entrada sólo de los recintos que realmente te interesen, te saldrá a cuenta económicamente y, además, disfrutarás de cada una de las visitas que tú escojas hacer. Nosotros cogimos el «Pack Sisí» y, después de media hora viendo sillas en el Museo de los Muebles Imperiales, sentí ganas de matar:

Viena museo muebles

Aburrimiento total en el Museo de Muebles Imperiales de Viena

El Museo Sisí de Viena se encuentra dentro de los aposentos del Palacio Imperial y trata de arrojar algo de luz a su historia. Me gustó no sólo por la multitud de objetos expuestos (desde sus vestidos de verano, su vagón real, botiquín de viaje y hasta uno de sus dientes), sino porque además relatan su vida sin tratar de idealizarla y quedar bien con el turista -que generalmente actúa como una paloma sin cabeza y es fácil de engañar-. Para que os hagáis una idea, escuché a un extranjero comentar lo mal que le estaba cayendo Isabel de Baviera.

Diente Sisí Emperatriz

El diente de la emperatriz

Columpio Sisí Emperatriz

Justo encima del diente había este muñeco moviéndose en el columpio. Un mal rollo y una cosa.

Corona sisí emperatriz

Una de sus coronas, por pedir perdón por el diente y tal.

Tras esta recomendación, te voy a explicar unos cuantos hechos de la vida de la Emperatriz que llamaron mi atención y sé que a ti también te encantará saberlos.

¿Quién es Isabel de Baviera y por qué tendría que interesarme?

¿En qué tono me has hecho esa pregunta? Porque a mí me suena un poquito borde. Que nooo, que es broma, que ya sé que lo he escrito yo.

Isabel de Baviera llegó a emperatriz por rebote: con 16 años acompañó a su hermana Elena de Baviera a Austria con la intención de que conociera al Emperador Francisco José I y éste la tomara como esposa. Sin embargo, el joven de 23 años se sintió atraído por Isabel y, un año después, acabarían casándose. El típico caso de la estrella que se hizo famosa porque acompañó a su mejor amiga a un casting de anuncios.

Helena de Baviera y Sissi Emperatriz

Helena de Baviera (izquierda) claramente dolida porque Sisí le había robado el novio.

Tendría que interesarte porque el perfil de su personalidad era el de una viajera pero, por cosas del destino, acabó siendo el de una mujer deprimida que cambiaba de paradero cada dos semanas intentando ser lo menos criticada posible. Su principal afición era viajar y fue capaz de hablar alemán, inglés, francés, húngaro y griego.

6 curiosidades sorprendentes de su vida que descubrí en Viena

    • Sisí Emperatriz era una persona enormemente deprimida: era tan negativa que sus propios hijos estaban cansados de ella. El mismo puesto gubernamental que le permitía hacer lo que más le gustaba, viajar, era a la vez el detonante de sus depresiones: era emperatriz en contra de su voluntad, no le gustaba vivir en palacio y el protocolo de la corte vienesa le tocaba las narices.
      Se consideraba un alma libre: «Mi soledad, tan tremenda, la combatía escribiendo pequeñas canciones. Mi corazón se hundía en la pena y arrastraba siempre a mi alma… ¡Cómo latían mi sangre y mi cerebro, las ansias y la esperanza me gobernaban! ¡Creí que mi fuerza podría con todo, y así el mundo entero fue para mí!«.
    • Su relación con Hungría: tras nacer su primer hijo, la relación con su marido se deterioró. Sufrió una crisis nerviosa, viajó a Corfú y, al volver, había cambiado por completo su manera de ser.
      Recordó que antes de ser emperatriz estaba enamorada de Hungría y, a cambio de pasar más tiempo en la corte, convenció a su marido para hacer de éste un reino independiente. Agradecidos, los húngaros tendrían siempre buenas palabras hacia ella.
Sissi Emperatriz

Mirad como sostiene a un perro. Ah, no.

De hecho, en el Castillo de Gödöllö era donde Sisí Emperatriz se sentía realmente cómoda y era en Austria cuando sufría de ataques de paranoia creciente (a veces no permitía que nadie la mirara – como Raquel Mosquera cuando creía que le perseguían los paparazzis, ¿os acordáis?).

  • Tenía un ancla tatuada: en sus últimos años de vida, Isabel de Baviera se tatuó un ancla en uno de sus hombros por la inmensa pasión que sentía hacia el mar y las largas travesías alejadas de casa. De hecho, siempre pedía ser atada al mástil de su barco durante las tormentas (no es una de mis bromas).
  • Tenía un gimnasio personal en casa: no sólo caminaba a diario unas ocho horas (hecho que las damas de su séquito odiaban por tener que seguirla), sino que además se hizo instalar varias herramientas de entreno en su habitación. Sólo comía fruta y pescado hervido. A causa de estos hechos se ha asegurado que padecía de anorexia (nunca pasó de los 50 kilos).

    Sissi Emperatriz gimnasio

    Anillas del gimnasio personal de Sisí Emperatriz

  • Tardaban tres horas en peinarla y otras más en vestirla: como todo el mundo comentaba la belleza de la emperatriz, ésta acabó obsesionándose con su físico – en especial con su larga cabellera, que le llegaba hasta los tobillos (horror).
    No fue una obsesión sin motivo, el pueblo se dedicaba a comentar el más mínimo error que ella pudiera cometer como si de un gran problema político se tratara.
    Por otra parte, y como anécdota, Sisí Emperatriz no permitió que nadie volviera a retratarla después de los 35 años.

 

Sissi Emperatriz pintura

Isabel de Baviera y su larga cabellera

Sissi Emperatriz

El horrendo maniquí que me encontré en el Palacio de Hofburg.

  •  Fue asesinada: en 1898, estaba dando uno de sus paseos en Ginebra cuando un anarquista italiano chocó a propósito contra ella y le clavó un estilete afilado en el pecho. Al levantarse Sisí creyó estar bien y, al no ver la herida, marchó en barco. Una vez ahí cayó desmayada y murió por hemorragia.
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