Hoy que he escrito sobre algo un poco loco como son los Maid Café, me gustaría escribir unas palabritas antes de seguir escribiendo sobre más anécdotas y curiosidades de Japón, que es el post que voy a publicar mañana 🙂

La ignorancia es muy atrevida y siempre puedes escuchar a personas que viven en su (cerrado) mundo occidental diciendo que allí todos están zumbados.

Sandrine siempre me decía que la cultura es como la mantequilla: cuanto menos tienes, más la esparces.

Sí que es verdad que el choque cultural inicial es fuerte, porque todo es completamente diferente: la semana pasada, por ejemplo, cuando volví a Tokyo, me di cuenta de que todo tiene algún dibujito – aunque se trate de algo serio.

Mi amiga Haruka estaba conduciendo, pasamos por unas obras de carretera y las señalizaciones que las delimitaban eran conejitos. Además era de noche y les brillaban las orejitas.

Aquí tenéis una foto que he encontrado en Japan Today:

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Lo que quiero decir es que cuando eres lo suficientemente abierto como para querer conocer su cultura, entiendes su manera de ser y comprendes todo algo de lo que ocurre a tu alrededor.

Y entonces puedes disfrutar (todavía más) de la experiencia.

Por cierto, si estás pensando en visitar el país nipón y te estás preguntando qué onda con el dinero, yo encontré que RIA es la plataforma que hace el mejor cambio de euros a yenes online, tienen el mejor cambio del mercado – a mí me funcionó súper bien. Por si no lo conoces, básicamente haz clic aquí, les dices qué moneda vas a necesitar cambiar y dónde lo quieres recoger (sus tiendas tienen un horario de apertura bastante amplio, findes y festivos incluídos) o entrega a domicilio y ya está (de hecho, si te sobra dinerillo, te aconsejo también volver luego porque te recompran las monedas sobrantes a muy buen cambio). Te llega a casa, o lo recoges en tienda, y listo 🙂

¿Qué es un Maid Café?

Los Maid Café surgieron hace años para complacer a las fantasías de los hombres a los que les gusta el manga y satisfacer su atracción hacia personajes jóvenes e inocentes de los anime.

Las chicas que trabajan ahí simulan ser sirvientas y, en un intento de representar la ingenuidad y la pureza con un toque sexy, llevan vestidos cortos, calcetines largos y dos coletitas.

Se me ha olvidado comentar que también suelen ser guapas, claro – porque imaginadme a mí con dos coletitas. La gente estaría en plan «por favor, apártate, estamos comiendo».

Cuando entras te dan la bienvenida de vuelta a casa y se refieren a ti en todo momento como amo/ama.

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Mi experiencia en una cafetería de sirvientas

Un caluroso día de Agosto en Tokyo (sauna), estaba caminando con Sandrine por Akihabara cuando nos encontramos a unas chicas con un altavoz desde el balcón anunciando su cafetería maid, Maidreamin.

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Estábamos pensando en si subir o no -habíamos leído por Internet que la experiencia acababa siendo cara-, cuando nos dimos cuenta de que también tenían a sirvientas en la calle, para capturar a clientes indecisos como nosotras.

Por esta foto pensaréis que sacrifican a la menos agraciada (lo siento) para que esté en la calle, pero lo cierto es que se turnan entre ellas:

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Al final, decidimos subir.

Para hacerlo, simplemente teníamos que coger un ascensor y bajar en la segunda planta, nada más.

Pero como desgravo, me puse a bailar y a hacer el gilipollas cuando Sandrine salió del ascensor, quedándome dentro, mientras le decía: «uuhh, te quedas sola con las sirvientas, ¿tienes miedo?».

Mi idea era ir a otro piso y bajar rápidamente (unos cinco segundos) para echarnos unas risas, pero cuál fue mi sorpresa cuando llegué al sexto piso y me di cuenta de que ahí no podías pulsar a ningún otro número para bajar.

Me puse nerviosa porque era un piso repleto de habitaciones de mala muerte y, cuando intenté coger las escaleras, la puerta estaba bloqueada porque estaban siendo reparadas.

Cuando vieron que tardaba mucho en llegar, pasó esto:

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Después de 10 minutos tuvieron que ir a buscarme.

Teniendo en cuenta que no hablaban inglés, ya os podéis imaginar el show.

Visitando, esta vez de verdad, una cafetería cosplay

Después del pequeño incidente y de ser famosa en el local por mi retraso, al final pudimos entrar en la cafetería.

Al hacerlo nos sentaron e inmediatamente nos pusieron un sombrerito de orejitas de conejo en la cabeza.

La chica que sería nuestra sirvienta durante la tarde (durante una hora, vamos, que ahí pagas por tiempo) me preguntó de dónde era y, al decir España, me respondió casi gritando: «mmmmm, Spain, pizza!».

Quizá en otro momento no me hubiera dado corte ninguno, pero en ese momento, con lo que había pasado antes, las orejitas en la cabeza y ella cantándome cosas sobre Italia, sentí mucha vergüenza ajena.

Yo jamás la hubiera corregido porque prefiero ver a alguien ligeramente equivocado a dejarle mal delante de todo el mundo, soy así, una bien queda. Y mucho menos corregiría a alguien si noto que está en su momento álgido…

Pero es que la chica venga a gritar que si pizza, que si cosas italianas, que si Roma y no sé. Os lo prometo, como 10 minutos.

Estaba entrando en un nivel de exactitud sobre su conocimiento de Italia que ya sólo le faltaba ponérseme a hablar de Brunelleschi y su perspectiva lineal.

Después de casi diez minutos en los que yo no sabía qué cara poner, al final le dije algo similar a: «Eso es Italia, Mari Chocho, que estamos cerca…».

La chica cayó en que España era el país de la paella, el flamenco y Lina Morgan (vale quizá esto último no, pero ojalá) y empezó a mearse de la risa.

Pero otra vez fue un ataque de risa DEMASIADO largo, que después del minuto siete de carcajadas yo ya no sabía qué cara poner, me dolían las mejillas.

Para que os hagáis una idea de cómo es todo esto, aquí os dejo un vídeo de cuando enviaron a Mario Vaquerizo a Japón y visitó un maid café:

Finalmente y gracias a Dios, tocó pedir comida, algo que siempre me hace feliz.

Todos los platos tenían dibujitos, así que me pedí la tortilla y me la trajeron con una especie de gatico y la palabra «LOVE» en el curry.

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El caso es que, para poder empezar a comer en un maid café, tienes que cantar con ellas

Y ahí estaba yo, rescatada del sexto piso, nacida en España no en Italia y con mis orejicas, cantando palabras desconocidas y haciendo los gestos de amor con las manos con un nivel de vergüenza ajena que ni siquiera había conocido el día que no me dejaron entrar en el coffee shop de Amsterdam porque salía muy fea en mi DNI.

Al final acabé así:

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Una experiencia demasiado cara y prescindible

Los maid-café tienen diferentes precios – dependiendo de qué consumas (puedes pedirte un postre, una bebida, cenar…) y de lo que desees hacer (tomarte una fotografía con las chicas se paga a parte, por ejemplo), así te saldrá la broma.

Pero teniendo en cuenta que también pagas dinero por entrar, es una broma muy cara.

En nuestro caso creo recordar que fueron unos 60€ (y todo fue muy rápido, pensad que cada media hora se paga a parte).

Ahora nos contentamos con las risas y la curiosidad de haber visto a los hombres que van pidiendo bebidas constantemente para lograr pasar más tiempo con las chicas o cómo se saben todas las canciones.

¿Pero os aconsejaría ir? No, es caro e innecesario.

En fin, espero que hayas sonreído un poco con la historia, ¡nos vemos mañana con más! 🙂