Una de las cosas que más me gusta de la empresa en la que trabajo es que, cada lunes, antes de empezar la reunión para hablar de los objetivos semanales, compartimos la mejor noticia que nos ha ocurrido la semana anterior. Al terminar, contamos una historia que nos haya hecho pensar en un valor como, por ejemplo, la admiración o la humildad. Hace un mes compartí con mis compañeros un ‘always find a better way’ que, traducido al español, es algo así como «encuentra siempre una manera mejor de hacer las cosas».

Yo junto a Sandrine

Sandrine y yo

Me ha costado muchas horas escribir este post, porque para llegar a la moraleja de mi escrito, hay que escribir sobre un tema que hubiera preferido pasar por alto, que es el cáncer que sufrió mi pareja. Mi idea era no centrarme para nada en él, sino en la conclusión de la historia, espero haberlo conseguido 🙂

La historia de Sandrine

Es injusto titular esta parte del post como ‘La Historia de Sandrine’, porque no lo es. Cuando termines mi escrito no vas a conocerla mejor. Como dice mi mejor amigo Enric, no sabrás qué quería ser de pequeña, cuántas miradas en el metro le han hecho sonreír o cuántos abrazos inolvidables ha dado en su vida. Pero esta pequeña introducción a un capítulo de su vida es necesaria para que comprendas el valor que compartí hace cuatro semanas en la reunión.

superviviente cáncer de Hodgkins

San es la persona a la que no le he desenfocado toda la cara, lol.

Sandrine se despertó para ir a trabajar una mañana de lo que hubiera sido un día cualquiera del año pasado, sino hubiera sido porque cayó redonda en el recibidor de su casa mientras se preparaba para salir por la puerta. Decidió pasar por el ambulatorio, porque sí que era verdad que había estado más pachucha de lo normal últimamente y también era cierto que no había acudido al doctor por miedo. Tras realizar algunas pruebas rutinarias, su médico de cabecera le dijo: «te voy a hablar como si fueras mi hija, vete corriendo a Urgencias».

Tras unas semanas ingresada, le dieron los resultados que más temía: sufría cáncer de Hodgkins en estado IV (metástasis) y tenía pocas posibilidades de que la quimioterapia funcionara.

Aunque habláramos miles de veces del tema, se me escapa qué debe pasar en la cabeza de una persona tan joven cuando le dicen que tiene tantas posibilidades de morir. Todos tus problemas cotidianos reducidos a nada. Ya no importa que esa chica que te gusta tanto te responda los mensajes de WhatsApp tarde o que no llegues a tiempo para entregar una presentación en el trabajo. Separas los dedos de la mano y casi sientes como se te escapan las oportunidades, sin que puedas hacer nada. Ahora eres imbécil por haberle dado tanta importancia a cualquier chorrada y ojalá hubieras hecho ese viaje que tanto te apetecía.

Ahora me salto un año completo.

Me salto el dolor, el miedo, los vómitos, las muestras de amor, las nuevas experiencias y el aprendizaje, y me sitúo en el presente.

San ahora, le ha crecido mucho el pelo 🙂

Como Haces Cualquier Cosa, Lo Haces Todo

A Sandrine le toca pasar un control rutinario para saber qué ha pasado con la bestia.

Acudimos al Hospital Vall d’Hebron después de un año de tratamiento en Francia y le atiende un hombre bastante joven que está sustituyendo a su doctora, que no ha podido estar en consulta hoy.

Eso de atender es un decir, porque entramos nerviosas (creemos que el cáncer ha vuelto) y nos sentamos sin que nos lo ofrezca nadie. El doctor está demasiado ocupado mirando su móvil.

Tras unos 20 segundos que a nosotras se nos hacen eternos, baja el teléfono, nos mira y le pregunta a Sandrine qué tal se encuentra, que recuerda su caso e intercambian algunas frases para pedirle, finalmente, los resultados de su último pet scan tras acabar la quimioterapia en febrero -en los que habían visto algún ganglio con mala pinta y le habían dado hora ahora para saber cómo había evolucionado-.

Un pet scan es una prueba en la que te inyectan líquido radioactivo con azúcar, que es de lo que se alimentan las células cancerígenas y, si el cáncer ha vuelto, los doctores pueden ver dónde se encuentra y de qué dimensión es porque sale iluminado en los resultados. El año pasado, cuando el cáncer de Sandrine estaba en estado IV, todo su cuerpo salió iluminado como un árbol de Navidad.

Le enseña los nuevos resultados de su prueba y el hombre, ni corto ni perezoso, abre los ojos y emite un soplido con la boca; seguidamente dice «qué mala pinta tiene esto».

Miro a Sandrine, que mueve la pierna nerviosa y está llorando, y pienso cómo me gustaría parar el tiempo, abrazarla y decirle que nos vayamos de ahí y ya volveremos cuando nos atienda alguien con un poco más de empatía. Pero no lo hago, no le digo nada y le cojo de la mano, porque lo suyo es urgente, corre prisa, y nos toca aguantar la falta de corazón del doctor.

Lo peor viene cuando le empieza a hablar -sin los nuevos resultados, porque el pet scan que está mirando es de febrero- de posibles soluciones por si el cáncer volviera: «se podría intentar otra quimioterapia y, si no funciona, siempre podemos realizar un transplante de médula«.

Sandrine se muestra afectada y el médico responde «venga mujer, no te pongas así, ten en cuenta que este cáncer puede curarse. Sólo 2 de 10 personas mueren«.

Sigue hablando de quimioterapia y transplante, hasta que Sandrine le pide que si no tiene los nuevos resultados en mano prefiere no saber nada.

Salimos de la consulta destrozadas.

Encuentra Siempre una Manera Mejor de Hacer las Cosas

Volvemos dos semanas más tarde con los nuevos resultados en mano, hoy nos van a decir si Sandrine tiene cáncer o está curada. Estamos sentadas en una salita, esperando a que digan su nombre, pero no hablamos porque tenemos un nudo en la garganta. La llaman al fin. Se levanta, me levanto, y valoro su valentía mientras camina hacia la puerta decidida, porque yo sólo quiero irme a mi casa y me tiemblan las piernas: seguro que se me nota en la cara.

En la puerta nos espera la doctora, que es bastante joven. Se presenta nada más entrar, puedo notar el cariño en su voz y en su forma de mirarnos; nos da la mano y le pregunta a Sandrine qué tal se encuentra. Nos ofrece sentarnos y, después, se sienta ella.

Tiene los resultados del pet scan que Sandrine hizo la semana pasada en la mano, pero no es una imagen, están escritos, por lo que todavía no sabemos nada. Le pide los resultados del pet scan de febrero para compararlos. 

Empieza a mirar los resultados y Sandrine llora. La doctora le coge fuerte de la mano mientras le dice qué tal han ido los exámenes. 

Finalmente, dice algo similar a que los ganglios que vieron en febrero están más pequeños. Ahora hay que llevar un control, pero el cáncer de San era muy agresivo y, si hubiera vuelto, de ninguna manera sus ganglios hubieran disminuido de tamaño.

Sonreímos, después de cómo nos lo había pintado todo el anterior doctor, esto es un milagro. Le damos mil gracias a la doctora, que no deja de sonreír y no puede contener esbozar una sonrisa gigantesca al dar una buena noticia así, le dejamos saber lo amable que ha sido y nos marchamos de la consulta.

Ahora quiero decir que si el resultado no hubiera sido positivo, hubiera escrito este post de todas formas, porque…

Conclusión

De ninguna manera queremos criticar el Vall d’Hebron. Sandrine sólo tiene buenas palabras hacia el hospital y la sanidad pública española. El año pasado, cuando estaba ingresada antes de partir a Francia, una enfermera ya mayor se ofreció a leerle por las noches porque San no conseguía concentrarse.

Esto no era una lección sobre cómo tratar a un paciente de cáncer; de hecho, esta historia no tiene nada que ver con la enfermedad. La moraleja es que siempre hay una manera mejor de hacer las cosas y siempre hay una posibilidad de mejorar lo que ya estamos haciendo.

Por parte del doctor, es imposible que sea tan desagradable con nosotras y, al salir de la consulta, sea extremadamente atento con su familia o la gente de su alrededor, porque «como haces cualquier cosa, lo haces todo». La empatía y la amabilidad no tienen fin y, si las utilizas, se crea una espiral en la que siempre se te devuelve el esfuerzo.