Antes de abandonar Bélgica, decidí pasar unos días en la zona flamenca y visitar De Haan. Seguramente jamás hayas escuchado hablar de este pueblo de la costa porque, a pesar de ser precioso, no disfruta de la popularidad que debería por culpa del mal tiempo de su país.

De todas formas, estoy segura de que te interesará saber más de él cuando te diga que Albert Einstein estuvo viviendo ahí en 1933, antes de exiliarse por completo de Alemania con el objetivo de huir de los nazis.

De Haan: pueblo costero

La playa de De Haan

Cómo llegar a De Haan

Para llegar a este paraíso sólo tienes que coger el tren hasta la parada Ostende; una vez allí, súbete en el tranvía de la línea 1 hasta la estación De Haan (el tranvía está justo a la salida del tren, así que no tiene ninguna pérdida).

Qué hacer ahí

      • Ves a la playa: he vivido toda mi vida en Barcelona y hasta ahora sólo había visto el mar Mediterráneo y el mar Cantábrico; pues bien, el Mar del Norte es completamente diferente a éstos dos últimos y el tipo de playa también. En sus 11 kilómetros se crean unas dunas de arena fina increíble donde, de repente, aparece algo de agua y vuelve a desaparecer hasta que llegas a la orilla.
Detalle playa De Haan

Detalle playa De Haan

      • Disfruta de la Belle Epoque: si el pueblo parece salido de un cuento de hadas es, precisamente, por su arquitectura. Casi todos sus edificios están datados del s. XIX y se encuentran decorados con flores y pinturas en sus fachadas (aquí puedes ver más).
        Sus habitantes no son pobres como yo y el aspecto del pueblo lo demuestra. Imagínate estar ahí un caluroso día de verano, volviendo de la playa, caminando próximo a alguna de estas casas:
Casa De Haan

Una de las casas de De Haan

De Haan

De Haan

  • Relájate: De Haan no es un pueblo costero grande; sólo puedes pasear desde el centro de la villa hasta el mar, y viceversa. Encontrarse ahí es sinónimo de disfrutar de un relax sin igual. A no ser que tengas una novia así y encima te la hayas llevado contigo.
    • Tómate una cerveza: ningún viaje a la costa flamenca estaría completo si no disfrutaras de la mejor cerveza del mundo, con patatas fritas y, si tienes más tiempo y quieres terminar de sentirte fatal con tu cuerpo, un poco de helado.
    • Encuentra la casa de Einstein: en marzo de 1933, Einstein llegó al puerto de Amberes y, aunque su plan era volver a Alemania, cambió de idea al ver que Hitler estaba ganando popularidad en tan poco tiempo (ese mismo año sería presidente y canciller del país). Uno de sus amigos, el profesor belga DeGroot, le ofreció quedarse en su casita costera en De Haan y el físico aceptó, permaneciendo ahí desde el 28 de marzo hasta el 9 de septiembre de 1933. Aquí tenéis un vídeo en el que, el pobrecillo, despierta más miedo que cariño:

En la plaza próxima a su casa se encuentra una escultura conmemorativa que, el día que yo la visité, estaba siendo atacada por la definición visual de la palabra «guiri»:

Figura conmemorativa Einstein

El niño no sufrió ningún fenómeno paranormal, De Haan está libre de fantasmas

En definitiva, si vas a permanecer en Bélgica durante el verano, te recomiendo que le eches un vistazo a De Haan, uno de los pueblos costeros más bonitos que he visto. Cuando hayas terminado de contemplar el hotel Belle Vue, acércate a la heladería Australian Homemade Icecream y pídete un buen helado de Speculoos (la galleta típica belga). ¡Qué gustirrinín, oye!