Si alguna vez has estado en Amberes, estoy segura de que todavía eres capaz de recordar sus calles.

Si tuviera que definir la plaza principal de la ciudad, usaría la palabra «breathtaking». Y además lo diría así como con voz rasgada y en una frase en español, para que diera todo mucha rabia: «pues sí, visité Amberes y me encantó, ¿la plaza? Breathtaking… Luego fuimos a un pub, con un toque trendy y cool, muy urban pero sin caer en lo casual».

 «Hey, hey, ¡toma eso!»

El Por Qué del Nombre de la Ciudad

Cuenta la leyenda que había un gran gigante en Amberes controlando los barcos que llegaban y salían de la ciudad. Hace muchos años, claro, si fuera actualmente ya nos hubiéramos enterado en Instagram (#gigante #omg #soTall #piernacas #nofilter).

A pesar de que su nombre era Druon Antigoon, estoy segura de era catalán como yo, porque Josep (a partir de ahora le conoceremos así) se sacó de la manga su propio peaje y se dedicó a cortarle la mano a todo aquel marinero incapaz de entregarle la suma de dinero que pedía para, más tarde, lanzarla al río Escalda.

A medida que pasaba el tiempo, los navegantes empezaron a temer Amberes y, harto de ver que la ciudad se llenaba de mancos, llegó el capitán del ejército romano Silvio Brabo para realizar exactamente lo mismo que el gigante había estado haciendo anteriormente: clases de capoeira.

Jajajaja. Perdonad mi retraso.

Lo cierto es que no hubieron clases de capoeira, sino que mantuvieron una reñida batalla que terminó con el gigante perdiendo su mano.

De hecho, en la plaza del Ayuntamiento (Grote Markt), puedes encontrar actualmente una escultura de Silvio, en lo alto de la fuente, lanzando la mano de Josep al río. La mujer que sujeta el barco, justo debajo del capitán Bravo, es la diosa de la justicia:

Merece la pena echarle un vistazo porque toda la plaza está rodeada de las típicas casas gremiales belgas con el tejado en escalera (la primera foto del post) y, justo antes de llegar, hay una iglesia con un tímpano increíble (breathtaking) del que me gustaría hablar la semana que viene.

En fin, a partir de ese momento, todos los barqueros volvieron a comercializar en Amberes -que acabaría siendo la ciudad de los diamantes- y empezó a ser conocida como Antwerpen, que literalmente significa ‘lanzar mano’.

Aquí nos tenéis a mis amigos y a mí haciéndonos una foto con una persona diminuta conocida en Amberes como «niño»:

Y ahora otro ángulo con un matrimonio que quiso tomarse una fotografía con nosotros en la mano de Josep. Repetían una y otra vez «mira, son españoles, qué peste a ajo echan». Es broma.

Para mí esto es lo mejor de viajar y lo que más echo de menos cuando estoy en casa: conocer a cualquier persona y que con sólo una sonrisa se convierta en amigo.