Cómo vivir viajando

Este post es el contenido del PDF que escribí para conseguir que Ana Morgade participara en el blog.

Como ya sabéis, la idea original en la que se basaba mi marketing de guerrilla –o al menos, la que escribí–, era colocar cientos de carteles por la ciudad de Barcelona con la imagen de un perro sonriendo, diciendo que no se había perdido, que sólo quería que lo vieran porque era divertido. Tras haberles hecho sonreír, mostraba la dirección de mi blog de una manera simpática.

El objetivo era conseguir lectores para poder vivir viajando lo antes posible y fue todo un éxito, pues conseguí 2.000 visitantes en un sólo día. Pero no lo conseguí como pensé, lo hice de otra manera y hoy os lo voy a explicar.

¡Ea ese truquito!

¡Ea ese truquito!

Imprimí 400 panfletos en blanco y negro que, si no recuerdo mal, me costaron en total 5€ (también compré celo, que me lo había olvidado en casa).

La imagen no triunfó como yo esperaba

Una vez en Barcelona, pegando carteles, me di cuenta de que así quizá llamaría la atención de unos cuantos, pero no llegaría realmente lejos. De repente, tuve una idea: cogí uno de los carteles del perro (que supuse que tendría más tirón), arranqué un par de papeles para que quedara natural y le hice una fotografía.

Tuve que pegar carteles en el Raval para que me leyeran

Tuve que pegar carteles en el Raval para que me leyeran

Al volver a casa, me dirigí a las páginas de fans de Facebook que más admiradores tenían y les expliqué la verdad. No quería mentir a nadie, escribirles diciendo “mirad qué gracioso lo que me he encontrado por la calle” llamaría demasiado la atención – parecería una tonta intentando hacer SPAM. Así que les escribí: “¡Hola! Soy la autora de www.judithtiral.com, hoy he estado pegando este cartel por la calle y he pensado que igual os gustaría subirlo a vuestra página web porque es bastante divertido”. (Incluí bromas, gracias y por favor).

Aquí os dejo una imagen que no pinta nada con la historia pero que quiero compartir para hacerlo más ameno, porque tengo el mejor pijama del mundo:

pijama de oso

Yo con el mejor pijama del mundo

El marketing de sonrisa funcionó de una manera distinta a la que esperaba

Los administradores de las páginas de Facebook podrían haberme pedido dinero por publicación, pero como al ver el cartel sonrieron, no lo hicieron. Aquí tienes las páginas a las que les envié el mensaje y me hicieron caso (no siempre fue así):

– Gandalf es poderoso porque lleva una batamanta: 4729 likes y compartido 1710 veces.

– Dame posts y dime friki: 5546 likes y 1874 veces compartido.

– Señoras que: 511 likes y 150 veces compartido.

Después se creó una bola de nieve y lo vi en diferentes páginas webs “sin tener yo nada que ver con eso”.

¿Marketing de sonrisa? ¿De qué hablas, so loca?

No me había dado cuenta de este “efecto” hasta que intenté hacer “marketing de guerrilla”. He llegado a la conclusión de que, preguntes por lo que preguntes, si consigues sacarle una sonrisa a la persona a la que le estás pidiendo algo, tienes un alto porcentaje de posibilidades de que acepte (jajajaja, había puesto 97% y luego me he dado cuenta de que me había inventado la cifra por completo).

Haciendo memoria, he recordado que cuando era adolescete gané puntos en entrevistas de trabajo usando la técnica de la sonrisa sin querer (a mí lo de ser payaseta me viene de fábrica, no es que pensara en “hacer sonreír”).

Estaba yo esperando mi turno para hacer una entrevista en IKEA, cuando la responsable de Recursos Humanos me llamó y me hizo pasar a la sala; cuando fui a entrar, tuve tanta mala suerte que se me quedó pillada la chaqueta en el pomo de la puerta. Como a veces no riego bien, puse cara de drama y comencé a intentar correr gritando: “suélteme bandido” -mientras la chaqueta se estiraba pero no se soltaba-.

Este detalle hizo reír a la chica, y noté como la entrevista empezó con buen feeling por ambas partes. Al final me dieron el trabajo, pero como todavía eran buenos tiempos para España, me quedé con otro. Eso ya no pasa, ¿verdad? Es como un mito.

El segundo caso de trabajo fue en una tienda de ropa, en un centro comercial de Barcelona; el jefe me hizo hablar en inglés, cuando me preguntó dónde había aprendido a hablarlo tan bien (no os fiéis, tengo un acento español que ni Sofía Vergara), puse voz de vivir en el Bronx y le contesté en inglés “en la universidad de la calle”. El hombre, a pesar de ser mayor, soltó una carcajada, y desde entonces se creó un vínculo especial entre nosotros. O igual no y me estoy flipando, ¿no? El caso es que me dieron el trabajo.

Cómo puedes utilizar este “truco” tú

No diría que es un truco, sino un cambio de actitud que todo el mundo debería hacer. En Internet he aprendido que para conseguir algo sólo tienes que pedirlo: la gente está muchísimo más dispuesta a ayudarte de lo que tú crees, seas quien seas. Partiendo de esta base, si tienes un negocio online y te acercas a quien quieras de una manera simpática, conseguirás llamar su atención y subirán las posibilidades de que acepte lo que le propones.

perro seductor

Otra imagen que no pinta nada pero me diréis que no es guay

Algo que parece tan básico siempre pasa por alto, pero estoy segura de que algunos de vosotros recordará esto en un futuro y nada me haría más feliz que ver que a alguno le ha funcionado.
La segunda conclusión de este texto sería recordar las páginas de fans de Facebook en un futuro, tienen una audiencia increíble (no sólo las de humor), muy participativa y pueden ayudarte con tu negocio.

Y ya está por hoy, que tengas un día genial y sonrías mucho.

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