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Asia Japón

21 curiosidades de Japón que descubrí al volver a Tokyo

Curiosidades Tokyo

Hoy vengo a explicaros algunos hechos divertidos que me han ocurrido durante estos dos últimos meses, curiosidades de Japón que me sorprendieron cuando llegué y que creo que disfrutaréis descubriendo también 🙂

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Asia Japón

Mi primera vez (y última) visitando un Maid Café en Akihabara

Hoy que he escrito sobre algo un poco loco como son los Maid Café, me gustaría escribir unas palabritas antes de seguir escribiendo sobre más anécdotas y curiosidades de Japón, que es el post que voy a publicar mañana 🙂

La ignorancia es muy atrevida y siempre puedes escuchar a personas que viven en su (cerrado) mundo occidental diciendo que allí todos están zumbados.

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Asia Colaboraciones Japón

Okinawa: el paraíso japonés o el edén norteamericano

Paraíso Okinawa

Segundo artículo de Alba C. Coll como colaboradora. Espero que lo disfrutéis tanto como lo he disfrutado yo. ¡Gracias Alba!

Judith

Antes de venir a Japón me recomendaron visitar Okinawa, una serie de islas al sur del país de clima un tanto tropical. Había abandonado la idea hasta que, repentinamente, después de echar mucho de menos el mar –porque los japoneses, aunque vivan en una isla, no tienen muy buenas playas en general–, decidí que podría estar bien. Y ahora me atrevo a decir que fue una de las mejores experiencias que he tenido durante mi estancia. Las playas son increíbles y la cultura de la zona contrasta una barbaridad con todo lo que entendemos por Japón.

Iye-jima, preciosa Isla de Japón

Iye-jima, Isla de Okinawa

Por qué Okinawa no parece japonesa

Okinawa es un lugar muy diferente a Japón, lo notaréis nada más llegar: el mismo aeropuerto parece más el hall de un hotel de Marina D’Or que un aeropuerto. Por sus alfombras de flores, palmeras y cocoteros, ya intuyes que te encuentras en un lugar muy peculiar. Además, la gente que vive allí posee rasgos ligeramente distintos al resto de japoneses, así como una piel más oscura y, si hablas algo de japonés, notarás que su dialecto es bastante ininteligible –aunque también conocen el japonés estándar–.

Centro de la ciudad Okinawa Japón

Okinawa

La sensación general que me produjo la población de la isla fue la de no-japoneses viviendo bajo una organización japonesa. Intentaré explicarme. Sí, en esta serie de islas se pueden encontrar por todas partes máquinas expendedoras de bebidas, carteles en japonés, publicidad hasta en la sopa y también tienen la costumbre de sacarse los zapatos antes de entrar en algunos locales, al igual que en el resto del país. Pero hay algo que cuesta de explicar en el carácter de la gente, y que muestra que no tienen nada que ver con sus hermanos de las islas del norte.

Esto se explica probablemente porque pasó a ser parte de Japón hacia el siglo XVII y hasta el momento había sido un país independiente con tratos comerciales sobretodo con China, Japón, Taiwán y Filipinas. Cuando Japón firmó un tratado de paz con Estados Unidos, después de la Segunda Guerra Mundial, las islas pasaron a formar parte de este país. Pero con el tiempo se ha vuelto a ceder el territorio a Japón, aunque manteniendo bases militares norteamericanas en las islas. Conclusión: Estados Unidos tiene cogido a Japón por los cojones. Y los cojones son Okinawa.

Me acabaréis odiando por mis clases de historia, pero ¿por qué os explico todo esto? Es fácil. Como ya he dicho, Okinawa está aún hoy en día llena de bases militares y, por lo tanto, de militares norteamericanos. Este hecho no pasa desapercibido ante los ojos del visitante, y aún menos, si éste ha estado en alguna otra parte de Japón anteriormente. No es habitual ver occidentales en Japón, pero algo diferente pasa con Okinawa.

Mi experiencia personal en Okinawa

Un día fuimos a un bar y nos encontramos con un grupo de chicos norteamericanos, encontrándose entre ellos un chico peruano. Estaban acompañados de unas chicas japonesas. Solamente entrar nos llamaron para hablar con nosotros, preguntarnos de dónde veníamos y tal. Estuvimos conversando un buen rato, sobretodo porque al chico de Perú le hizo gracia que hubiera dos españoles perdidos por esas tierras, y nos habló de las playas, la comida, y la vida que se estaba pegando allí. Mientras hablábamos, me percaté de que uno de los americanos del grupo no podía tenerse en pie de la cogorza que llevaba encima.

En definitiva, que los militares americanos van a pegarse la vidorra del siglo a Okinawa, y la gente de allí está un poco hasta las narices del festival.

Como era de esperar, ha habido más de un problema entre militares americanos y ciudadanos de la isla. El mas difundido ocurrió en 1995, cuando dos mecánicos violaron a una niña de 12 años, motivo por el cual un grupo de mujeres decidió crear una asociación llamada “Las Mujeres de Okinawa actúan en contra de la violencia militar”. O sea, no os extrañéis si esporádicamente algún okinawense os mira mal o no os atiende tan bien como esperabais; probablemente os confundan con americanos y, en el fondo, es comprensible. De todas formas, a mí sólo me ocurrió una vez y, en general, son muy amables y atentos.

Guardián de Okinawa, Japón

Guardián de la isla de Okinawa. Es una especie de dragón/perro mitológico que está por todas partes y tiene la función de defender la isla.

Cómo llegar a Okinawa y cómo moverse:

  • Des de los aeropuertos principales de Japón salen vuelos de las compañías de low cost “Jetstar” y “Peach”. También he leído que hay la posibilidad de ir des de Europa haciendo escala en algún aeropuerto japonés.
  • Una vez allí, recomiendo muchísimo alquilar un coche (para ello se necesita carnet de conducir internacional, pues se conduce por la izquierda) ya que os moveréis con mas libertad y os gastaréis menos dinero en autobuses.

Qué hacer y visitar:

  • Isla de Iye-jima: ahí se encuentra una playa paradisíaca que jamás podré olvidar. Cuenta con una zona de baño delimitada, pero recomiendo saltarse las normas e ir un poco lejos dónde los guardias no os puedan ver fácilmente –siempre podéis usar la excusa de que sois extranjeros–. Eso sí, llevad calzado dentro del agua porque pueden haber pequeñas criaturas venenosas.
  • Snorkel en cualquiera de las playas.
  • Visitar las cascadas Hiji.

    Preciosas cascadas de Japón

    Cascadas Hiji de Okinawa

  • Kayak: por Internet encontraréis varias compañías.
  • Okinawa World: Cuesta 1,200 yenes la entrada (unos 10 euros) y se pueden ver algunas de las cuevas donde los ciudadanos de Okinawa se ocultaban durante la invasión americana. También hay un museo de serpientes y funciones con danzas típicas de Okinawa.

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Occidentales: jamás pasaréis desapercibidos en Japón

Occidentales en Japón

Este es el primer artículo escrito por una colaboradora, Alba C. Coll, historiadora del arte que ha pasado este último año viviendo en Japón. ¡Disfrutad! – Judith

Si queréis sentiros famosos e importantes dejad de lado los letreritos de “Vull surtir a l’APM” y ahorrad un poco para ir a Japón, notaréis que os han estado esperando (a vosotros o a cualquier otro europeo, americano, australiano… ).

No es ningún mito que los japoneses se mueran por todo lo que sea occidental y, sobretodo, por todo aquél que sea occidental. Para empezar, y a pesar de su admiración por nuestra cultura (sí, generalizo porque ellos generalizan y creen que por ser extranjero el inglés es tu idioma nativo y comes hamburguesas todos los días), no tienen ni papa de inglés ni de ningún otro idioma que salga de su archipiélago. Si bien es cierto que lo estudian en el colegio, es suficiente que sepáis que el nivel impartido en las aulas públicas españolas le da mil vueltas al sistema nipón para no tener que dar muchos más detalles al respecto. Por lo tanto, una pequeña advertencia: si os animáis a visitar Japón, recomiendo que os hagáis con un pequeño glosario con las palabras básicas del idioma, aunque también es cierto que señalando se llega a Roma.

Japoneses y occidentales

Unos tranquilos japoneses admirando las vistas

A pesar del poco dominio general del inglés, o quizá por este mismo motivo, los japoneses sienten una curiosidad y admiración exagerada por cualquier extranjero que se cruce en su camino; eso cuando no le tienen miedo y huyen de él. De hecho, la cantidad de occidentales es tan baja que yo misma, después de un año viviendo en estas tierras, cuando veo a uno en la pequeña ciudad donde resido, pienso “¿qué hace éste aquí? ¿quién es? ¿por qué ha venido?”.
Después de darle muchas vueltas al tema y de leer un poco sobre la historia del país, he llegado a comprender que se trata de una zona muy aislada del planeta, que hace poco más de cien años que se ha abierto al exterior y que aún posee una ley de inmigración muy rígida (especialmente por lo que concierne a China, ya que con los problemas internos que tienen, y lo bien que se vive en Japón, si no hubiera una buena regulación acabaría siendo un verdadero problema).

Olvídate de pasar desapercibido

Acabada la clase de historia, y perdonadme por ello si os he aburrido, acelero hacia la actualidad para contaros que siendo occidental en este país no solamente eres diferente al resto de la población, sino que te sientes como tal continuamente. Y si no es así al principio, tranquilos, no tardaréis en notarlo. De hecho uno como turista no se percata tanto de este hecho, pero si vivís en una pequeña zona residencial fuera de la ciudad el simple hecho de entrar en un tren, en un supermercado, en una peluquería, en un restaurante -o dondequiera que os apetezca entrar- notaréis como todos los ojos rasgados que se encuentran a vuestro alrededor se estarán fijando en vosotros. Todos. Inmediatamente los adultos procurarán aparentar que no os han visto, por tema de educación y esas cosas, pero si se encuentran niños a la redonda preparaos para ser examinados hasta el más mínimo detalle.

De hecho, recuerdo que un día estaba en el centro comercial de mi pequeña ciudad con una amiga polaca y otra escocesa hacia las cinco de la tarde y una panda de niños nos empezaron a señalar y a gritar, con lo que toda la gente que se encontraba cerca nos empezó a mirar y nosotras salimos corriendo.

Occidentales en Japón

Chanel, mi amiga americana, y yo misma, con un grupo de bailarines japoneses que nos pidieron hacernos una foto con ellos al lado del río de Osaka

Otro día, esta vez con dos compañeros españoles, estábamos tan tranquilos comiendo un helado, también en mi ciudad, cuando empezamos a darnos cuenta de que bastantes adolescentes estaban reuniéndose cerca de nosotros mientras susurraban y nos echaban miradas nerviosas. Calmadamente e intentando disimular, nos levantamos, recogimos lo que habíamos utilizado y nos dispusimos a salir tan tranquilamente por la puerta. No habíamos dado aún dos pasos cuando notamos una muchedumbre de hormonas caminar detrás nuestro.
Nos miramos entre nosotros con expresión de circunstancia mezclada con miedo (porque aquello ya empezaba a dar un poco de grimilla) y, de golpe, sentimos que a un chico gritar “I’m hungry!”. Todos rompieron el silencio a carcajadas para, segundos después, seguir repitiendo “I’m hungry! I’m hungry!”.

Afortunadamente salimos con vida y una servidora está aquí para contarlo.

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