Casi duermo en un calabozo belga por ir de graciosa

¿Habéis estado alguna vez en Bélgica? Si la respuesta es afirmativa, os habréis dado cuenta de que los belgas serían personas difíciles de dibujar porque son demasiado neutros, callados y tímidos durante el día -por la noche es otra historia-. Sería muy sencillo retratar a un español, a un francés o a un italiano por los clichés pero, ¿a un belga? ¿cómo?

belgians google

Los belgas según Google, “maleducados, tontos, racistas y raros”. No estoy de acuerdo, pero es curioso.

Un belga jamás te gritaría, es el único ciudadano de Europa capaz de recorrer 1450 kilómetros por un error en el GPS, cuando en realidad sólo quería ir a un sitio cerca de casa. Son buenos, son amor. Hay una página de fans en Facebook llamada ‘Could Only Happen in Belgium’, donde publican los sin sentido que ocurren en este país y, para que terminéis de haceros una idea, un viajero escribió un artículo sobre ellos y lo tituló ‘Belgium is weird‘.

A mí me parecen amables, pero muy reservados; el hecho de que hablen tan bajito y no hagan ruido puede que se deba a que, sin comerlo ni beberlo, siempre se han encontrado en medio de todas las guerras por ser un país tan céntrico: igual quieren pasar desapercibidos y que les dejen en paz de una vez.

Ahora que tenéis creado un perfil del ciudadano belga, voy a explicaros cómo saqué de quicio a uno. Yo lo conseguí. Soy como Blade, el vampiro que vio la luz.

Todo ocurrió en una fiesta Erasmus

Si nunca has estado de Erasmus, estoy segura de que has escuchado hablar de este programa de intercambio y su reputación fiestera. Lo cierto es que te sirve para madurar, mejorar idiomas y, si no lo habías hecho hasta ahora, aprender a hacer la compra, la lavadora y cocinar. Vamos, te hace una persona de bien, un futuro médico o arquitecto.

Si has estado de Erasmus, choca esos cinco que casi engaño a mis lectores haciéndoles creer que no nos hemos pasado todo el intercambio de fiesta en fiesta.

como conoci a vuestra madre

Es broma. Es una experiencia que te enriquece muchísimo y te cambia por completo. Depende de ti cómo vivir este periodo de tu vida, yo no necesito emborracharme día sí y día también, me sentiría mal conmigo misma y pensaría que podría estar aprendiendo en lugar de estar cada día de farra. Pero sí, hay juerga todos los días si es lo que buscas.

delirium bar brussels

En el bar Delirium con unos amigos

El día que casi duermo en un calabozo belga fue hace dos meses; me encontraba en el kot de Manuel, que así es como llaman en Bélgica a los pisos compartidos (‘kot’, no Manuel. Repite ‘kot’ muchas veces y muy rápido, ya veras qué pasa. Es broma, no pasa nada), celebrando una de nuestras últimas fiestas. De hecho, era la despedida de Joana, la que salió de la ópera y no pudo volver a entrar.

No sé si los sabéis, pero el gobierno ha recortado el importe mensual de la beca según tu comunidad autónoma. Yo recibía 140€ o menos. Como no me llegaba ni para pagar el kot (‘kot’, ‘kot’, ‘kot’), siempre compraba lo más barato del supermercado. Al entrar en la cocina de Manuel pude ver que tenía cereales Special K: los caros, los de 5€.

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Mi reacción al ver los cerales Special K

Miré a mis amigos mientras los cogía; como estábamos de broma, a todos les pareció bien mi intención de llevármelos para casa. Entre los jiji y los jaja, también me llevé un paquete de atún.

La llegada de la policía

En un punto determinado de la noche llegó la policía porque el kot se había llenado de cientos de estudiantes ruidosos y los belgas, que se encontraban de exámenes, querían que cesara el escándalo.

Yo me encontraba en el rellano cuando uno de los policías me preguntó en francés qué estaba ocurriendo y en qué piso era la fiesta. Le respondí y se marchó.

No habían pasado ni cinco minutos cuando volvió a por mí, había intentado comunicarse con el resto de estudiantes, pero ninguno le entendía porque entre nosotros siempre hablábamos en inglés y nunca en francés. Me preguntó si podía ir a traducir y yo, que en realidad ni idea de francés, me vine arriba y dije que sí.

Cómo conseguí sacar de quicio a un belga sobrio

Mientras subía las escaleras siguiendo al policía recuerdo girarme varias veces a mirar a mi amigo Aitor con cara de pánico y gritar “¿qué estoy haciendo? ¡ayuda!”. Nos reíamos tanto que no hubo respuesta, sólo carcajadas.

Al entrar, una cantidad ingente de estudiantes Erasmus (todos conocidos y amigos) esperaban expectantes. El policía empezó a hablar y yo no entendí nada. Le pregunté si podía repetir el discurso y lo hizo. Entendí la mitad, ¿qué podía hacer ahora?

De repente, la parte de mí a la que le falta un hervor recordó la película ‘La Vida es Bella’, cuando el padre está traduciendo mal al nazi para que el pequeño no descubra que están en un campo de concentración. Me pareció una estupenda idea y, cereales en mano y atún en bolsillo, me puse a gritar en inglés: “¡¡dice que estáis guapísimos!! en especial tú Pinar, te sienta de maravilla ese vestido”.

Evidentemente todos empezaron a reír, el policía se dio cuenta de que me había quedado con él y me empezó a gritar.

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“qué divertida soy… ¡COÑO, QUÉ MIEDO!”

No entendí exactamente sus palabras pero, como señalaba la puerta, fue un buen emisor y pude captar el mensaje: “vete”.

Bajé las escaleras, le conté lo sucedido a Aitor, nos reímos mucho y me fui así de contenta con mis cereales y mi atún para casa, pensando en lo buena gente que son los belgas:

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