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Cómo vivir viajando: proyecto Ana Morgade

Este blog de viajes no sólo trata de anécdotas, consejos y guías de ciudades, también muestra qué estoy haciendo para cumplir mi sueño de poder vivir viajando durante largas temporadas.

El blog empezó hace menos de un mes con las cuentas de redes sociales completamente a cero y, publicando contenido de calidad y combinando éste con marketing de guerrilla, el crecimiento ha sido asombroso. Si estás leyendo esto sólo quería darte las gracias por leerme y compartir mis artículos, porque me estás ayudando a conseguir vivir de lo que me apasiona.

Proyecto Ana Morgade

Para poder conseguir este reto necesito tu ayuda. Hice un vídeo muy original para preguntar a Ana Morgade, por favor, si estaba interesada en colaborar escribiendo en el blog una anécdota que le hubiera sucedido viajando.

Lamentablemente, le envié el link a través de Twitter para darme cuenta de que sólo se conecta cada ‘x’ días. Con más de 162.000 seguidores, resulta imposible que lea mi tweet – deduzco que recibe unos cuantos de cientos cada jornada.

Aquí tenéis el vídeo. No es ningún montaje:

¿Cómo puedo ayudarte? Con recompensa

He pensado que, si éramos varios los que enviábamos el mismo tweet, conseguiríamos que lo viera. Para ello, sólo tienes que pulsar aquí: 

Editado: Ha dicho que sí, ¡muchísimas gracias a todos por los RT! 

Podéis hacer click aquí para descargar lo que había prometido, el artículo sobre cómo conseguí 2000 visitas en el blog con sólo 3 céntimos.

Cada vez que alguien haga un tweet se descargará automáticamente mi artículo ‘Cómo conseguí tener 2000 visitas por sólo 3 céntimos’ de manera gratuita.

Es mi manera de agradeceros la participación: en el artículo explico cómo conseguí que funcionara mi técnica de guerrilla (tiene secretito), qué es la técnica de la sonrisa y dos ejemplos de cómo conseguí que me dieran dos empleos usando esta técnica.

Si no participa ni el tato, al menos lo he intentado: ¡hay que arriesgarse si quieres crecer y conseguir lo que quieres!

gif pringado mar

“He intentado enviar un mensaje al mundo pero no ha pasado nada”

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Austria Destinos Europa

Cómo disfrutar de una ópera en Viena por sólo 3€

Uno de los días que estuve por Viena descubrí un pequeño truco para entrar en la ópera por tan sólo 3 euros: enseñar un pecho.

No, no, eso lo hice porque me apetecía – el verdadero truco es este 🙂 :

Cómo ir a la ópera de Viena casi gratis

En metro. Que no, que es broma otra vez. ¡No abandones lector!

Aiii, como sigues leyendo, ratilla, que te gustan mucho las cosas baratas como a mí. Ladronzuelo. Tiburón.

Lo primero que tienes que saber es que no vas a estar sentado junto a los ricos; entrarás con ellos, disfrutarás de su olor cuando pasen por tu lado y te mirarán mal si no te arreglas; de hecho, aunque lo hagas, sabrán que has venido para quedarte de pie. Porque sí, observarás la función a un lado y sólo verás la mitad del escenario… Sinceramente, ¿a quién le importa? A mí me hizo muchísima ilusión ver ‘Parsifal‘ de Wagner ahí, sabiendo que el edificio fue inaugurado con ‘Don Giovanni’ de Mozart el 15 de mayo de 1869.

Para conseguir los tickets, tienes que dirigirte a la entrada correcta 90 minutos antes de que empiece la obra. Ésta se encuentra atrás, en el lado izquierdo:

Entradas casi gratis opera de Viena

ópera de viena interior

Ahí en el ladito me dejaron a mí, para que no molestara con mi olor a chorizo.

DATO IMPORTANTE: Este truco es válido para casi todas las óperas importantes. Recuerda que sólo puedes conseguir una entrada por persona; es decir, no puedes comprar cinco mientras dos de tu compañeros están durmiendo en el hotel y otros dos están haciendo ruta por Viena. Tenéis que hacer cola juntos.

Por qué a mí me salió carísimo

Nada más entrar y empezar la función, Joana nos dijo que iba un momento al lavabo. Como somos pobres, no lo sabíamos, pero si sales de la función aunque sea para ir al lavabo, ya no puedes volver a entrar.

Después de tres cuartos de hora desde su salida, Aitor y yo nos preocupamos y salimos a buscarla. Por el camino encontramos una salita preciosa con los bustos de los compositores más destacados:

Mozart en el interior de la ópera de Viena

Mozart en el interior de la ópera de Viena

Qué preciosidad… Esto me hace recordar que uno de los dos arquitectos del edificio, E. van der Nüll, se suicidó a principios de 1868 por las críticas que recibió la arquitectura de la construcción. El otro, A. van Siccardsburg, moriría dos meses después de una apoplejía. Por lo visto, yo traje nuevamente la negra porque le dio un chungo al director el día que yo fui.

Acabando con la anécdota: después de recorrer cuatro veces por completo el interior, al final descubrimos que a todos los abuelitos con problemas de incontinencia urinaria los envían, al salir del lavabo, a una sala con televisor. Lo que es muy triste, teniendo en cuenta que seguramente ellos no han pagado 3€.

Ahí me encontré sentada a Joana, que había pagado una merienda por entrar a ver una ópera, mirando la tele como si estuviera en su casa de Portugal. Lo mejor fue su respuesta cuando vio que yo estaba casi llorando de la risa: “tia, esto es increíble, resulta que hay el doble de personajes de los que creíamos en el escenario “.

televisión ópera viena

¡Jajajaja! Carita de pena

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Asia Colaboraciones Japón

Okinawa: el paraíso japonés o el edén norteamericano

Paraíso Okinawa

Segundo artículo de Alba C. Coll como colaboradora. Espero que lo disfrutéis tanto como lo he disfrutado yo. ¡Gracias Alba!

Judith

Antes de venir a Japón me recomendaron visitar Okinawa, una serie de islas al sur del país de clima un tanto tropical. Había abandonado la idea hasta que, repentinamente, después de echar mucho de menos el mar –porque los japoneses, aunque vivan en una isla, no tienen muy buenas playas en general–, decidí que podría estar bien. Y ahora me atrevo a decir que fue una de las mejores experiencias que he tenido durante mi estancia. Las playas son increíbles y la cultura de la zona contrasta una barbaridad con todo lo que entendemos por Japón.

Iye-jima, preciosa Isla de Japón

Iye-jima, Isla de Okinawa

Por qué Okinawa no parece japonesa

Okinawa es un lugar muy diferente a Japón, lo notaréis nada más llegar: el mismo aeropuerto parece más el hall de un hotel de Marina D’Or que un aeropuerto. Por sus alfombras de flores, palmeras y cocoteros, ya intuyes que te encuentras en un lugar muy peculiar. Además, la gente que vive allí posee rasgos ligeramente distintos al resto de japoneses, así como una piel más oscura y, si hablas algo de japonés, notarás que su dialecto es bastante ininteligible –aunque también conocen el japonés estándar–.

Centro de la ciudad Okinawa Japón

Okinawa

La sensación general que me produjo la población de la isla fue la de no-japoneses viviendo bajo una organización japonesa. Intentaré explicarme. Sí, en esta serie de islas se pueden encontrar por todas partes máquinas expendedoras de bebidas, carteles en japonés, publicidad hasta en la sopa y también tienen la costumbre de sacarse los zapatos antes de entrar en algunos locales, al igual que en el resto del país. Pero hay algo que cuesta de explicar en el carácter de la gente, y que muestra que no tienen nada que ver con sus hermanos de las islas del norte.

Esto se explica probablemente porque pasó a ser parte de Japón hacia el siglo XVII y hasta el momento había sido un país independiente con tratos comerciales sobretodo con China, Japón, Taiwán y Filipinas. Cuando Japón firmó un tratado de paz con Estados Unidos, después de la Segunda Guerra Mundial, las islas pasaron a formar parte de este país. Pero con el tiempo se ha vuelto a ceder el territorio a Japón, aunque manteniendo bases militares norteamericanas en las islas. Conclusión: Estados Unidos tiene cogido a Japón por los cojones. Y los cojones son Okinawa.

Me acabaréis odiando por mis clases de historia, pero ¿por qué os explico todo esto? Es fácil. Como ya he dicho, Okinawa está aún hoy en día llena de bases militares y, por lo tanto, de militares norteamericanos. Este hecho no pasa desapercibido ante los ojos del visitante, y aún menos, si éste ha estado en alguna otra parte de Japón anteriormente. No es habitual ver occidentales en Japón, pero algo diferente pasa con Okinawa.

Mi experiencia personal en Okinawa

Un día fuimos a un bar y nos encontramos con un grupo de chicos norteamericanos, encontrándose entre ellos un chico peruano. Estaban acompañados de unas chicas japonesas. Solamente entrar nos llamaron para hablar con nosotros, preguntarnos de dónde veníamos y tal. Estuvimos conversando un buen rato, sobretodo porque al chico de Perú le hizo gracia que hubiera dos españoles perdidos por esas tierras, y nos habló de las playas, la comida, y la vida que se estaba pegando allí. Mientras hablábamos, me percaté de que uno de los americanos del grupo no podía tenerse en pie de la cogorza que llevaba encima.

En definitiva, que los militares americanos van a pegarse la vidorra del siglo a Okinawa, y la gente de allí está un poco hasta las narices del festival.

Como era de esperar, ha habido más de un problema entre militares americanos y ciudadanos de la isla. El mas difundido ocurrió en 1995, cuando dos mecánicos violaron a una niña de 12 años, motivo por el cual un grupo de mujeres decidió crear una asociación llamada “Las Mujeres de Okinawa actúan en contra de la violencia militar”. O sea, no os extrañéis si esporádicamente algún okinawense os mira mal o no os atiende tan bien como esperabais; probablemente os confundan con americanos y, en el fondo, es comprensible. De todas formas, a mí sólo me ocurrió una vez y, en general, son muy amables y atentos.

Guardián de Okinawa, Japón

Guardián de la isla de Okinawa. Es una especie de dragón/perro mitológico que está por todas partes y tiene la función de defender la isla.

Cómo llegar a Okinawa y cómo moverse:

  • Des de los aeropuertos principales de Japón salen vuelos de las compañías de low cost “Jetstar” y “Peach”. También he leído que hay la posibilidad de ir des de Europa haciendo escala en algún aeropuerto japonés.
  • Una vez allí, recomiendo muchísimo alquilar un coche (para ello se necesita carnet de conducir internacional, pues se conduce por la izquierda) ya que os moveréis con mas libertad y os gastaréis menos dinero en autobuses.

Qué hacer y visitar:

  • Isla de Iye-jima: ahí se encuentra una playa paradisíaca que jamás podré olvidar. Cuenta con una zona de baño delimitada, pero recomiendo saltarse las normas e ir un poco lejos dónde los guardias no os puedan ver fácilmente –siempre podéis usar la excusa de que sois extranjeros–. Eso sí, llevad calzado dentro del agua porque pueden haber pequeñas criaturas venenosas.
  • Snorkel en cualquiera de las playas.
  • Visitar las cascadas Hiji.

    Preciosas cascadas de Japón

    Cascadas Hiji de Okinawa

  • Kayak: por Internet encontraréis varias compañías.
  • Okinawa World: Cuesta 1,200 yenes la entrada (unos 10 euros) y se pueden ver algunas de las cuevas donde los ciudadanos de Okinawa se ocultaban durante la invasión americana. También hay un museo de serpientes y funciones con danzas típicas de Okinawa.

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Austria Europa Personal

Mi Mala Experiencia haciendo Couchsurfing

Siguiendo con los artículos relacionados con el tema de cómo viajar sin dinero: ¿Recordáis que os dije que el chico que nos acogió en Viena cuando hacíamos Couchsurfing era adorable? Pues bien, mentí. Sin querer le envié una notificación en Facebook invitándole a seguir la web y, por lo que he visto en Google Analytics, la seguía de cerca.

Ahora que ya ha dejado de hacerlo, puedo contaros la verdad.

Edito en el 2015: Este post ha hecho reír mucho y nunca ha tenido una crítica, pero quiero dejar claro que esta experiencia es sólo fruto de mi estupidez -por no mirar reviews, valoraciones- y de lo joven que era cuando me ocurrió. Hacer couchsurfing es increíble, lo he hecho mil veces más y nunca he vuelto a tener una mala experiencia – si miráis bien a quién escogéis, lo pasaréis divinamente bien.

Palacio del Parlamento de Viena

Aitor, Joana y yo en el Palacio del Parlamento de Viena.

Couchsurfing: nuestra primera experiencia

Me apasiona viajar porque es increíble la cantidad de gente que llegas a conocer. Recuerdo a un escritor estadounidense que está recorriendo Europa porque había perdido su musa o una chica joven que me explicó que había dejado de estudiar derecho para dedicarse a recorrer el mundo, porque era lo que realmente quería hacer.

Como ya os expliqué, el couchsurfing consiste en ofrecer tu sofá a viajeros de manera completamente gratuita, básicamente, para ayudar a los demás mientras conoces a gente súper interesante.

Ya os podéis imaginar la ilusión que me hacía llegar a Baden, un precioso pueblo cerca de Viena, a dormir en casa de un extraño que quería abrir sus puertas a tres viajeros. Era nuestro primer couchsurfing y estábamos súper emocionados.

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Tocando de más desde el minuto cero

Llegamos al anochecer; habíamos quedado en que PP vendría a recogernos a la estación, pero no aparecía. El frío y la nieve habían conseguido que todos los austriacos se refugiaran en su casa y, cuando vimos llegar a nuestro amable casero repleto de nieve, lo recibimos con una gran sonrisa.

PP es un chico de 28 años, rubio. No tiene sobrepeso pero no está delgado. Terminó la carrera y todavía no había encontrado empleo, por lo que vivía en Baden esperando un golpe de suerte. Parecía súper majo.

Ya en su casa, nos acomodamos y le pregunté si, por favor, podía darme la contraseña de su Internet para poder decirle a mi hermana que estaba bien. Me contestó que por supuesto, pero que era una contraseña larga y la tenía colgada en un papel en su habitación, que fuera para allá (seguro que os estáis riendo viendo el peligro venir, pero yo no lo vi).

Me dirigí a su cuarto y, al comenzar a apuntar los dígitos en mi móvil, noté que su mano se acercaba a mi cuerpo. Esta fue mi reacción mientras escribía la contraseña:

Susto

“Me está.. me está… me está tocando el culo”

Otra chica se hubiera girado y le hubiera contestado con muy mal genio que se fuera a tomar por culo. Yo me quedé en blanco y no fui capaz de reaccionar.

Me dirigí hacia el comedor, donde estaban mis dos amigos Erasmus, y no les expliqué lo sucedido. Había confianza máxima, pero sólo los conocía desde hacía dos meses y no quería quedar como la típica creída que llega a los sitios y da la nota: “tios, tios, creo que le molo porque me ha tocado el culo”.

Él era el vecino loco de las películas de Antena 3 por la tarde

Al día siguiente fui la primera en despertarme y, al abrir los ojos, me lo encontré súper repeinado, con el pelo para atrás, mirándome desde una silla. A mí. Fijamente. Esperando a que me despertara. No es una de mis bromas.

Mi reacción:

Su reacción:

¡Horror! Completamente blanca, desperté a Joana a base de codazos y le puse cara de pánico. Ella se acomodó en el sofá y, cuando PP se fue a hacer su desayuno (tras cuatro frases mal cruzadas por el miedo), yo le expliqué a mis amigos lo ocurrido.

Escogimos tomárnoslo a risa y no abandonar la casa porque todo podría haber sido un terrible error; quizá era una de estas personas tímidas que lo llevan mal y siempre quedan como unos locos por miedo a hablar demasiado. Y, qué coño, no teníamos mucho dinero.

El horror de los siguientes días

Al día siguiente PP nos despertó cantando esta canción. Me resultó un gesto simpático, hablamos un poco y me fui hacia la ducha.

Puse el pestillo porque veía venir la desgracia. Efectivamente, él intentó abrir la puerta con un “oh, no sabía que estaba ocupado, lo siento”… ¿no le había avisado? ¿no escuchaba el sonido del agua?

Al salir de la ducha, (me parto escribiendo esto, es que hay que ser retorcido) me topé con su paquete. Sí. Había puesto una barra de hierro de estas para hacer brazos en la parte superior de la puerta y, al abrirla, fue lo primero que me encontré: su paquete. Nuevamente se hizo el sorprendido, pero yo le respondí que tuviera cuidado y que si escuchaba el agua es porque había alguien dentro.

El día de la despedida

La última noche que estuvimos en su casa fue su cumpleaños, sacó tres copas de vino y nos invitó a beber. Llamadme Raquel Mosquera, pero no sabéis el miedo que tenía de que el líquido contuviera somníferos.

Me regaló un libro de Klimt y me dio las gracias por explicarle cosas de Viena mientras él nos explicaba la ciudad ese día. Yo le agradecí a él el gesto de acompañarnos y enseñarnos lo mejor. Se sentó conmigo en el colchón del suelo y comenzó a acariciarme la pierna, haciendo cariñitos. Ale, venga, arriba. Me aparté y, con cara de Satanás, le pedí que parara, que me molestaba.

A la mañana siguiente desperté y él seguía ahí, mirándome, siempre repeinado como si hubiera una vaca lamedora al lado de su almohada

Estaba tan contenta de haber sobrevivido ahí todas esas noches que no recuerdo nada, pero Dios sabe que salí así de su casa:

Me emociono recordándolo.

Una vez en Bratislava vi que se había creado cuentas en todas las redes sociales en las que yo estaba y me había seguido. Al mes y medio recibí un mensaje de un amigo suyo dándome la bienvenida a Baden y diciéndome que disfrutáramos mucho, que me enviaba su amor (supuse que PP le había mentido y dicho que éramos pareja, o algo así).

De todas formas y, a pesar de mi primera mala experiencia couchsurfing, jamás dejaré de hacerlo. Es una manera increíble de conocer a gente y os animo a todos a hacerlo (con buen ojo), es tan sencillo como escoger a uno que tenga buenas valoraciones en la página web.

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Austria Europa

Sisí Emperatriz: Curiosidades a Descubrir en Viena

Si vas a Inglaterra te darás cuenta de que intentan venderte merchandising y visitas relacionadas con los Beatles de cualquier manera; pues bien, lo mismo ocurre en Austria con Isabel de Baviera (conocida popularmente como Sisí Emperatriz).

Yo, rápida y audaz cuando se trata de pagar algo, creo recordar que acabé apoquinando más de 35€ por toda una serie de visitas a edificios relacionados con su vida. Me enredaron.

Red de Spiderman

Enredada literalmente (si te ha hecho sonreír me puedes regalar un ‘Me gusta’, a la izquierda del artículo)

¿Mereció la pena? Si te interesa cada uno de los museos, sí. Pero yo estudio Historia del Arte, me apasionan las visitas culturales y mi respuesta es que no, no me mereció la pena.
Si vas a Viena cómprate tickets de entrada sólo de los recintos que realmente te interesen, te saldrá a cuenta económicamente y, además, disfrutarás de cada una de las visitas que tú escojas hacer. Nosotros cogimos el “Pack Sisí” y, después de media hora viendo sillas en el Museo de los Muebles Imperiales, sentí ganas de matar:

Viena museo muebles

Aburrimiento total en el Museo de Muebles Imperiales de Viena

El Museo Sisí de Viena se encuentra dentro de los aposentos del Palacio Imperial y trata de arrojar algo de luz a su historia. Me gustó no sólo por la multitud de objetos expuestos (desde sus vestidos de verano, su vagón real, botiquín de viaje y hasta uno de sus dientes), sino porque además relatan su vida sin tratar de idealizarla y quedar bien con el turista -que generalmente actúa como una paloma sin cabeza y es fácil de engañar-. Para que os hagáis una idea, escuché a un extranjero comentar lo mal que le estaba cayendo Isabel de Baviera.

Diente Sisí Emperatriz

El diente de la emperatriz

Columpio Sisí Emperatriz

Justo encima del diente había este muñeco moviéndose en el columpio. Un mal rollo y una cosa.

Corona sisí emperatriz

Una de sus coronas, por pedir perdón por el diente y tal.

Tras esta recomendación, te voy a explicar unos cuantos hechos de la vida de la Emperatriz que llamaron mi atención y sé que a ti también te encantará saberlos.

¿Quién es Isabel de Baviera y por qué tendría que interesarme?

¿En qué tono me has hecho esa pregunta? Porque a mí me suena un poquito borde. Que nooo, que es broma, que ya sé que lo he escrito yo.

Isabel de Baviera llegó a emperatriz por rebote: con 16 años acompañó a su hermana Elena de Baviera a Austria con la intención de que conociera al Emperador Francisco José I y éste la tomara como esposa. Sin embargo, el joven de 23 años se sintió atraído por Isabel y, un año después, acabarían casándose. El típico caso de la estrella que se hizo famosa porque acompañó a su mejor amiga a un casting de anuncios.

Helena de Baviera y Sissi Emperatriz

Helena de Baviera (izquierda) claramente dolida porque Sisí le había robado el novio.

Tendría que interesarte porque el perfil de su personalidad era el de una viajera pero, por cosas del destino, acabó siendo el de una mujer deprimida que cambiaba de paradero cada dos semanas intentando ser lo menos criticada posible. Su principal afición era viajar y fue capaz de hablar alemán, inglés, francés, húngaro y griego.

6 curiosidades sorprendentes de su vida que descubrí en Viena

    • Sisí Emperatriz era una persona enormemente deprimida: era tan negativa que sus propios hijos estaban cansados de ella. El mismo puesto gubernamental que le permitía hacer lo que más le gustaba, viajar, era a la vez el detonante de sus depresiones: era emperatriz en contra de su voluntad, no le gustaba vivir en palacio y el protocolo de la corte vienesa le tocaba las narices.
      Se consideraba un alma libre: “Mi soledad, tan tremenda, la combatía escribiendo pequeñas canciones. Mi corazón se hundía en la pena y arrastraba siempre a mi alma… ¡Cómo latían mi sangre y mi cerebro, las ansias y la esperanza me gobernaban! ¡Creí que mi fuerza podría con todo, y así el mundo entero fue para mí!“.
    • Su relación con Hungría: tras nacer su primer hijo, la relación con su marido se deterioró. Sufrió una crisis nerviosa, viajó a Corfú y, al volver, había cambiado por completo su manera de ser.
      Recordó que antes de ser emperatriz estaba enamorada de Hungría y, a cambio de pasar más tiempo en la corte, convenció a su marido para hacer de éste un reino independiente. Agradecidos, los húngaros tendrían siempre buenas palabras hacia ella.
Sissi Emperatriz

Mirad como sostiene a un perro. Ah, no.

De hecho, en el Castillo de Gödöllö era donde Sisí Emperatriz se sentía realmente cómoda y era en Austria cuando sufría de ataques de paranoia creciente (a veces no permitía que nadie la mirara – como Raquel Mosquera cuando creía que le perseguían los paparazzis, ¿os acordáis?).

  • Tenía un ancla tatuada: en sus últimos años de vida, Isabel de Baviera se tatuó un ancla en uno de sus hombros por la inmensa pasión que sentía hacia el mar y las largas travesías alejadas de casa. De hecho, siempre pedía ser atada al mástil de su barco durante las tormentas (no es una de mis bromas).
  • Tenía un gimnasio personal en casa: no sólo caminaba a diario unas ocho horas (hecho que las damas de su séquito odiaban por tener que seguirla), sino que además se hizo instalar varias herramientas de entreno en su habitación. Sólo comía fruta y pescado hervido. A causa de estos hechos se ha asegurado que padecía de anorexia (nunca pasó de los 50 kilos).

    Sissi Emperatriz gimnasio

    Anillas del gimnasio personal de Sisí Emperatriz

  • Tardaban tres horas en peinarla y otras más en vestirla: como todo el mundo comentaba la belleza de la emperatriz, ésta acabó obsesionándose con su físico – en especial con su larga cabellera, que le llegaba hasta los tobillos (horror).
    No fue una obsesión sin motivo, el pueblo se dedicaba a comentar el más mínimo error que ella pudiera cometer como si de un gran problema político se tratara.
    Por otra parte, y como anécdota, Sisí Emperatriz no permitió que nadie volviera a retratarla después de los 35 años.

 

Sissi Emperatriz pintura

Isabel de Baviera y su larga cabellera

Sissi Emperatriz

El horrendo maniquí que me encontré en el Palacio de Hofburg.

  •  Fue asesinada: en 1898, estaba dando uno de sus paseos en Ginebra cuando un anarquista italiano chocó a propósito contra ella y le clavó un estilete afilado en el pecho. Al levantarse Sisí creyó estar bien y, al no ver la herida, marchó en barco. Una vez ahí cayó desmayada y murió por hemorragia.
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