Mi primera vez (y última) visitando un Maid Café en Akihabara

Hoy que he escrito sobre algo un poco loco como son los Maid Café, me gustaría escribir unas palabritas antes de seguir escribiendo sobre más anécdotas y curiosidades de Japón, que es el post que voy a publicar mañana 🙂

La ignorancia es muy atrevida y siempre puedes escuchar a personas que viven en su (cerrado) mundo occidental diciendo que allí todos están zumbados.

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Chapurreando tailandés para no dormir en el monte

¡Hola a todos! Soy Mónica.

Vivo en Berlín pasando frío, haciendo manualidades y tratando que no se disuelvan los grumos del Colacao. En mi blog Cortar, Coser y Crear cuento mis peripecias, alguna receta que otra e incluso a veces se me va la cabeza y cuelgo un par de fotos mías cual famosa egoblogger. Si me queréis conocer mejor, ya sabéis por donde ando.

Os voy a contar una historieta que ocurrió hace ya unos cuantos años, pero que siempre que la recuerdo me hace sonreír.
A mí me gusta viajar, y ya sea por trabajo, por placer o porque no hay más remedio (ahora) he estado en muchos países diferentes.
La historia que os voy a contar transcurre en los alrededores de Chiang Mai, una turística ciudad del interior de Tailandia. Allí estaba yo con mi por entonces novio, y su hermana. Nos fuimos los tres a la aventura, con tres mochilas y una Lonely Planet. El viaje fue muy divertido, Tailandia es un país ideal para mochileros, pero… en Chiang Mai lo pasamos un poco mal… sobre todo Carlos, que era siempre nuestro “intérprete”.

Visitando el Parque Nacional de Doi Inthanon

Después de visitar Chiang Mai, pasear en elefante, hacer rafting en aguas bravas y disfrutar de masajes a todas horas, nos quedamos sin cosas que hacer. Así que tiramos de guía y Carlos decidió que sería una buena idea visitar el Parque Nacional De Doi Inthanon. Nosotras (la hermana y yo) estuvimos de acuerdo. Lo que no sabíamos era que Carlos quería coger un transporte público tai en lugar de los típicos buses para turistas. Pero al día siguiente nos enteramos…

Llegamos a la estación y el autobús más nuevo debía tener como 50 años. Ni en Cuéntame se ven buses más viejos. Eso sí, el billete era barato (no me extraña, ¡ya podía serlo!)

autobús tailandés

Y allí que nos subimos los tres. La verdad es que Sonia, la hermana de Carlos, no estaba muy contenta. Según ella era un suicidio ir al monte más alto de Tailandia en una chatarra como aquella. Y yo estaba un poco de acuerdo, no lo voy a negar, porque mucha confianza no me daba. Además teniendo en cuenta cómo conducen allí, sí que daba un poco de miedo, sí.
Sin embargo, cuál fue la sorpresa cuando arrancó el bus y la velocidad crucero que cogió no debía sobrepasar la velocidad de mi “bien adiestrado” perro Shinchan cuando le llamo para meterlo en la bañera. Iba lento. Pero lento, lento. De hecho viajábamos… ¡con la puerta abierta!

puerta abierta bus tailandés

Al final llegamos a la última parada, donde descubrimos el templo budista Wat Phra That Si Chom Thong Worawihan (gracias wikipedia) y tras dar un par de vueltas por la zona nos pusimos a investigar cómo se podía subir a la entrada del parque nacional. Al parecer solo se podía subir en taxi, así que cogimos uno de los muchos que había y tras regatear el precio, nos dejó en la entrada.
El parque nacional era fantástico: río, selva, montaña, cascadas… Una maravilla de la naturaleza. Estuvimos varias horas haciendo de montañeros y cuando se empezó a hacer tarde, decidimos deshacer el camino.

Monica

Tardamos infinito, estábamos cansadas y además empezaba a hacerse tarde, pero al final llegamos de nuevo a la entrada. Sin embargo, ¡sorpresa!, no había nadie, ni turistas, ni taxis solo los chicos de las taquillas.

Chapurreando tailandés para no dormir en el monte

Uy, uy, la cosa se complicaba.

En lo alto de la montaña y sin forma de llegar a la parada del autobús. Intentamos hablar con el chico de la taquilla pero solo chapurreaba algo de inglés. Entre sus 10 palabras en este idioma y las 10 palabras en Tai de Carlos, conseguimos explicarle que queríamos volver a la estación del bus. El chico dijo que no había forma, pero que él nos podía acercar por un módico precio… o eso es lo que entendimos, vaya. Aceptamos.

El chico desapareció, le fue a pedir el coche a otro de los trabajadores que había por allí y nos metimos dentro. Pero no teníamos muy claro si nos iba a llevar al bus, a la ciudad, a su casa, a una agencia de viajes o de paseo por el parque porque cogimos otro camino de vuelta. Así que Carlos se vino arriba e intentó “hablar” con el improvisado taxista para explicarle, de nuevo, que queríamos ir al bus. Por supuesto, grabé un vídeo inmortalizando el momento.

Conversación épica, Carlos en su pseudo-tai diciéndole dónde queríamos ir, sudando la gota fría, y pensando “en qué lío nos estamos metiendo…”.

La cosa duró un rato más y fue suficiente para que a Sonia y a mí se nos pasase el miedo y nos partiéramos de risa en los asientos de atrás.

Parece que la conversación fue efectiva o que el chico pensó que no podría sacarnos mucho más dinero, pero todo tuvo un final feliz y al final nos dejó en una parada del bus.

Y luego cuando llegó el autobús, resultó ir tan lleno que Carlos tuvo la suerte de poder seguir practicando su tai porque el conductor le invitó a sentarse a su lado, jijijiji.

Carlos volviendo de Wat Phra That Si Chom Thong Worawihan

¡Espero que hayáis divertido! Hubo muchas otras historias divertidas (y documentadas) en ese viaje. Si os apetece otro día os cuento alguna otra. Un beso muy grande, ¡hasta la próxima!

El Museo de la Paz de Hiroshima: una grata sorpresa

Hola chicos! Soy Judith y estoy en Inglaterra ahora mismo, asi que escribire sin acentos y se me perdonara (se que realmente es “tilde”, pero me suena a nombre de mujer alemana que vive en un pueblecito de Baviera) – “mira Tilde, como le gusta cocinar pasteles de manzana”, verdad?

Os dejo con un articulo de Alba, tan bueno como los que ha escrito hasta ahora. Disfrutad!

Hiroshima es famosa porque allí fue tirada la primera bomba atómica y, aunque sea un sitio realmente bonito, se ha acabado convirtiendo en un sitio turístico por este hecho, no nos engañemos.

La cúpula es parte del único edificio que actualmente queda en pie después del desastre

La cúpula es parte del único edificio que actualmente queda en pie después del desastre

Yo recomiendo mucho visitar esta ciudad si alguna vez vais a Japón, ya que se trata de un núcleo urbano que no es ni tan pequeño como Takayama o Kanazawa ni tan grande como Kyoto, Osaka o Tokyo, de manera que se posiciona bastante bien en el centro, siendo una buena mezcla entre urbe y naturaleza.

En la ciudad encontraréis de todo y no tardaréis demasiado tiempo en llegar a todas partes con el tranvía que la recorre. Recomiendo muchísimo visitar Miyajima, una isla muy cercana donde podréis encontrar un templo que flota sobre el mar, si tenéis la suerte de ver subir la marea.

El "arco" (se llama Torii), es parte del templo de Miyajima

El “arco” (se llama Torii), es parte del templo de Miyajima

¡Pero yo no soy tan diferente al resto de turistas!

Sí, me habéis pillado! De lo que quería hablaros no es de lo bonitas que son las islas circundantes -que lo son-, sino del problema bélico frente al cual se encontró la ciudad. O mejor dicho, de la impresión que me causó a mí personalmente. Yo iba con la idea fija de no entrar en el museo de la Paz de Hiroshima, ya que había hablado anteriormente con amigos que habían estado allí y todo el mundo coincidía con que salían muy tocados.

En el último momento cambié de opinión -lo mismo que me pasó con Okinawa, por suerte- y entré medio asustada en el museo. Y me encontré con una grata sorpresa.

¿Y que pasó dentro del museo?

Básicamente el museo se divide en dos partes, la primera expone la situación general de la guerra, así como el descubrimiento del átomo, los primeros experimentos, la evolución de la energía nuclear, la posesión que se tiene mundialmente de bombas atómicas en la actualidad -U.S.A., Francia, Reino Unido, Corea del sur, Rusia y China como máximos exponentes y Corea del norte que sigue sin soltar prenda, aunque se intuye que tiene un montón- e información por el estilo, toda muy científica y podríamos decir que objetiva.

Al cruzar un largo pasillo nos encontramos con la segunda parte del museo, la que mis amigos calificaban de ser demasiado fuerte. Esta nos proporciona información mas detallada del conflicto en sí. Al entrar uno se encuentra con una pequeña reconstrucción de lo que serían unos edificios destruidos, con dos muñecos de cera representando a dos niños a los que se les deshace la piel a causa del calor que habría desprendido la bomba. A partir de aquí se muestran algunas fotografías y información personal de las víctimas, utilizando objetos de uso cotidiano y hasta partículas de pelo y uñas en algunos de los casos.

El recorrido termina cuando se explica la famosa historia de Sadako Sasaki, una niña que enfermó de cáncer a causa de la bomba y, siguiendo la tradición de llegar a hacer las mil grullas de origami para conseguir ver cumplido su deseo, murió al haber realizado 644.

¿Por qué haber entrado en el museo fue tan importante?

Salí del museo con una sensación agridulce. Por una parte me había sorprendido gratamente lo que he nombrado la primera parte del mismo, ya que da una información muy amplia que ayuda al visitante a comprender las causas del desastre. Pero la segunda parte me mostró lo que yo tenía miedo de encontrarme, que es cierto sensacionalismo mezclado con el morbo fácil tan típico del turista -en la mayor parte de los casos americano-.

Y finalmente paré a pensar en el nombre del museo, que no es de la bomba atómica, sino de la Paz.

Quiero recalcar que después de los sucesos en Hiroshima y en Nagasaki Japón se declaró como país a favor de la paz, de manera que no se ha involucrado en ningún conflicto bélico por ahora.

Monumento a la paz que se encuentra justo delante del museo

Monumento a la paz que se encuentra justo delante del museo

El museo muestra un recorrido des del momento en que Japón era quizá la más belicista de las naciones hasta la actualidad, pasando por dos de los desastres mas grandes que ha sufrido la humanidad. Y todo este discurso se desata, como era de esperar, con un fuerte nacionalismo que se debe leer entre líneas.

Japón ha sido un país terriblemente cruel durante toda su historia y no se hace referencia a ello en ningún momento en el museo que, repito, supone estar enfocado a la construcción de la paz. A lo que me refiero es que no acaban de asumir sus faltas públicamente, lo cual incrementa la posibilidad de conflicto con sus países vecinos.

Pero esto ya es mi humilde opinión y da pie a un debate que si queréis os invito a desarrollar, pero en el que tampoco quiero extenderme demasiado.

¿A dónde quiero llegar con todo esto?

Concluyendo, valoro muy positivamente haberme decidido en el último momento a visitar el museo, ya que me permitió montarme la paja mental que acabo de vomitar y por la que espero que no me odiéis demasiado. Todo esto también me da pie a enfocar uno de los problemas mas graves que conciernen el pueblo nipón, que es la crisis nuclear que empezó en este momento y se volvió a desatar en marzo del 2011, cuando estalló la central de Fukushima.

Tengo en mente hablaros no ya del desastre sísmico en sí, sino de lo que se está haciendo actualmente con los deshechos, así como la percepción y reacción de la población actualmente.

Chica mirando sobre el arco (Torii) que hay sobre el agua en el Templo de Miyajima

Chica mirando sobre el arco (Torii) que hay sobre el agua en el Templo de Miyajima

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