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¿Por qué hay una ciudad azul en Marruecos? Chefchaouen

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Turismo en Marruecos: la doble cara de su seguridad

Turismo en Marruecos

Me presento. Soy Carlota, una ingeniera burgalesa de 24 años que en pocos días empezará a trabajar ‘de lo suyo’ mientras da clases a chavales, estudia para ser profesora con contrato y da cuerpo a un proyecto sobre la inmigración ilegal de menores desde Marruecos. Hoy vengo a hablaros, precisamente, del Turismo en Marruecos.

Hoy vengo a hablaros de turismo en marruecos

En 2010 bajé al moro por primera vez con unas amigas y en menos de dos años ya había vuelto 5 veces.

Al terminar la carrera, por inercia, me marché a vivir a Londres. Conocía bien la ciudad antes de llegar pero no tardé ni 4 meses en hartarme de todo. Estuve en el lugar adecuado en el momento oportuno y, de la noche a la mañana, cogí mis cosas y me planté a vivir en Rabat.

Marruecos, lejos de lo que la gente pueda pensar, es un país increíble, tranquilo pero con mucha vida, hospitalario y muy amable. Un lugar que sacude la vida de todo aquel que viaja con la mente abierta pero, sobretodo, con ganas de ser mejor persona.

Son muchos los prejuicios que existen hacia los marroquís y hacia su cultura, pero casi todo que se sabe sobre ellos, se sabe mal. La mala fama les precede y, en la inmensa mayoría de los casos, es tremendamente injusta. No digo que sea el mejor país del mundo, es evidente que se hacen muchas cosas mal, pero si pueden ser corregidas… ¿por qué no formar parte de esa labor?


Turismo en Marruecos: La Extrema Seguridad al Turista

Si hay algo que ha marcado muchas de nuestras experiencias en Marruecos es la corrupción policial que hay allá donde mires. Al contrario de lo que muchos puedan pensar, existe una gran protección al turista y a diario pasean decenas de policías vestidos de paisanos para velar por la seguridad del visitante.
Si tienes el pasaporte rojo, como dicen ellos, tranquilo, que muy torpe tienes que ser para que te ocurra algo malo.

Otro tema es cuando se trata de cuidar de sus propios ciudadanos… Se han creado una gran cantidad de leyes absurdas que cortan la libertad de los habitantes de este país y dificultan su ‘día a día’.

Aquella noche en Marrakech le preguntamos a nuestro amigo Abdul (Pedro para los amigos) cómo llegar a un hostal. Él no podía llevarnos porque estaba trabajando y cualquier indicación que nos fuera a dar dentro de la laberíntica medina era absurda. Así que le pidió a un colega que nos llevara y, cuando nos disponíamos a seguirlo, nos advirtió: “No, ¡no! Que vaya el 4 pasos delante de vosotras, que si la policía le ve puede pensar que está haciendo de falso-guía y la liamos.”

Aquel día en el zoco hubo una discusión entre un turista y el dueño de una de las tiendas. La cosa se puso fea y el dependiente le gritó, con un inglés perfecto, “Fuck you”. Casualidades de la vida, dos policías de incógnito pasaban por allí y se lo llevaron detenido.

Aquellas tardes en las playas de Essaouira, disfrutando del ambiente que allí se respira. Si la policía ve a un turista fumando hachís, kifi o lo que caiga, como mucho te van a hacer un gesto invitándote a ‘que no se note tanto lo que estás haciendo’. Sin embargo, si el que fuma, o incluso bebe, es un marroquí, unas cuántas noches en el calabozo no se las quita nadie.

Aquel día volviendo de Sidi Harazm, ochenta y la madre en un mismo coche nos pararon. Si eres lo suficientemente blanquito… machi muskil, amego. Los policías se quedan ciegos por un momento. Pero si no, oficialmente se te cae el pelo. Siempre y cuando no tengas a mano 50 dirhams (5 eurillos) que el señor agente los cogerá amablemente y hará como si allí no hubiera pasado nada.

Aquellas madrugadas en el puerto de Tánger, con jóvenes peleando por meterse en los bajos de un camión rumbo a España. El pequeño al que pillen tiene unos cuantos palos más que asegurados, por si se le vuelve a ocurrir intentarlo. A no ser que, nuevamente, los chavales tengan unos cuántos dirhams por ahí sueltos y ahí ya la cosa cambia.

Aquella mañana en la playa de Tánger, jugando con el balón. Al policía que rondaba por allí le debió gustar mucho y, después de dos avisos, vino en su quad y nos lo robó, alegando que aquel no era un sitio para estar con la pelota. Estoy segura de que si sólo hubiera habido pelirrojas jugando no sólo no se la hubiera llevado sino que se hubiera unido al juego, que les gusta mucho una rubia. Pero no fue el caso. Durante esos días volvimos tres veces a por ella y no la hubiéramos recuperado si no fuera porque un colega tenía sus ‘contactos’ en la playa.

Pero, sin duda, la mejor experiencia con la policía fue en Fez.

El Día que la Policía Pensó que una Familia Marroquí me había Secuestrado

Habíamos salido a comprar algo de comida en la medina y yo no cogí ni el pasaporte ni el DNI. Iba con mi amigos Pablo y Abdillah caminando por la calle y un furgón de policía paró al lado nuestro.
La cosa empezó como una conversación normal pero acabó en una discusión en árabe, para más INRI, difícil de olvidar. Con unos cuántos curiosos alrededor, nos invitaron a entrar en el vehículo. Uno de los guardias llevaba una gorra de la armada americana y fue entonces cuando pensé que aquello se ponía interesante.
Mientras ladraban y, supongo, intentaban demostrar su autoridad, nos miraban a los dos europeos con cara de “¿Qué hacéis vosotros en este barrio?”
En ningún momento sentí que algo serio fuera a pasar, pero tampoco fue la situación más cómoda de mi vida. Yo trataba de entender qué estaba ocurriendo, sentada en mi asiento que estaba hecho unos zorros, mientras Pablo, que era su primera vez en Marruecos, me preguntaba que si podríamos hacernos una foto con los guardias.
Nos llevaron a una comisaría que no se la deseo a nadie. Todo estaba muy oscuro y olía a cerrado que echaba para atrás. Sólo había una mesa de madera antigua en la que nos esperaba otro guardia, un banco de madera en el que estuvimos que esperar un buen rato, disfrutando del fresquito que hacía en un sitio tan acogedor, y una foto del rey, al que seguramente no le gustaría ni un pelo leer todo esto.

Ese mañana no tendrían mucha gente a la que tocar las narices y decidieron pasar el rato con nosotros. Fue divertido, la verdad.
Nos pidieron la documentación y Pablo al menos llevaba su DNI pero yo no llevaba ni vaselina. Contra todo pronóstico, eso dio completamente igual porque al viajero, igual que al rico, se le perdona todo. Lo importante era que estábamos viviendo en una casa y no nos habíamos registrado. ¿Que qué es eso de registrarse? Chorradas.

Si vas a hospedarte unos días en casa de alguien dice la ley que debes registrarte en la ‘Gendarmerie’ para así estar más seguro. Y más controlado también. Digamos que la familia que te acoge debe firmar una autorización, sellada por las autoridades, de manera que ellos se comprometen a hacerse responsables de lo que a ti te pueda ocurrir. El control y la dictadura que viven los ciudadanos quizá no se vea a gran escala, pero sí en pequeños detalles que hacen que la gente no tenga libertad total.
Se me olvidaba; esto sólo pasa si te alojas con una familia pobre. Son la mayoría en Marruecos y a las autoridades les hace especial ilusión tocarles la moral cada día. Si la familia es rica no hay de qué preocuparse.

Abdillah se quedó fuera discutiendo con un par de guardias y el policía que estaba dentro con nosotros se llevó el DNI de Pablo y tardó en volver el tiempo necesario para que empezara a oler a caquita. Nos hicieron preguntas sobre nuestro vuelo de vuelta y por un momento pensé que no nos iban a dejar coger ese avión… Pablo no dejaba de hacer bromas y prometió enviarme comida y mantas desde España para hacerme más llevadera la estancia en ese hoyo.

Entonces llegó otro policía, al que aún no habíamos visto, y se quedó parado delante de nosotros, con la misma actitud que se queda un profesor en primaria cuando haces algo mal. Nos preguntó de todo en francés, igual que hacían todos por allí. Cuando por fin se quisieron dar cuenta de que aquel no era nuestro idioma llamaron a otro para que viniera. Este último hablaba inglés y, después de explicarle que no estábamos en aquel barrio porque alguien nos hubiera secuestrado, terminé enseñándole algunas fotos de mi cámara para que viera que nuestro testimonio era cierto; que llevábamos varios días allí y que estábamos por voluntad propia.

La situación pasó entonces a ser un poco menos tensa, hasta tal punto que llegaron a hacer alarde de su carácter marroquí y les faltó invitarnos a quedarnos para tomar un té todos juntos. Nos pidieron perdón por las molestias y se despidieron deseándonos que tuviéramos un buen día.

No recuerdo cuánto tiempo estuvimos allí pero lo que está claro es que si hubiéramos querido darles unos cuántos dirhams, nos hubiéramos ahorrado toda la parafernalia.
A la mañana siguiente tuvimos que ir a la comisaría oficial de la zona centro, un lugar enorme, muy limpio y perfectamente cuidado, para llevar la dichosa autorización firmada y sellada. Y, al fin, se quedaron contentos y satisfechos.

Con esto no quiero asustar al personal ni quitar las ganas a nadie de alojarse con una familia. Al contrario. Si los anfitriones te piden que hagas el papel, obviamente se debe hacer. Lo único que hay que hacer es poner el número de tu pasaporte con tus datos y firmar. Pero lo más probable es que no lo hagan y, si ese día le apetece al policía de turno tocar las narices, como mucho vas a acabar en comisaría de mala muerte, explicándole al guardia que ese morito que va contigo no te ha secuestrado, ni te ha robado, ni te ha forzado. Que no llevas documentación encima porque has salido sólo a dar una vuelta, y que estás absolutamente encantada de estar en un país que vela tanto por la seguridad de sus queridos turistas

Espero que hayas disfrutado de este post tan sincero sobre el turismo en Marruecos. Si quieres seguir a Carlota, puedes hacerlo aquí

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10 razones por las que quiero visitar Marruecos

Hace unos días dije que estaba deseando irme a Marruecos porque nunca había salido de Europa y esta ciudad era la que mejor se ajustaba a lo que buscaba. Todo mi entorno reaccionó de la misma manera; me advirtieron de que era un país demasiado peligroso y que no me daba cuenta de que así no, que no iba bien.

En este post explico diez razones de peso por las que quiero ir a este país y, al final, su situación actual.

Cómo se distribuye el país

Antes de empezar a leer debes saber que este país africano, se divide -básicamente- en cuatro ciudades imperiales, Fez, Marrakech, Meknes y Rabat; y en dos ciudades comerciales Casablanca y Tánger.

visitar Marruecos

“Yo pensaba que Marruecos y Marrakech era lo mismo”

10 razones para visitar Marruecos

    • Por proximidad: si vives en el norte de España, el vuelo que une tu ciudad a Marruecos es de tan sólo de 3h. Es muy poco tiempo si lo comparas con otros países exóticos como, por ejemplo, Tailandia.
      Para ponernos en situación, te diré que si te ducharas y maquillaras al salir de casa hacia el aeropuerto, llegarías igual de guapa a Casablanca y no te despeinarías ni aunque bailaras como esta niña tan flipada en el pasillo del avión:
flipada

“Llegaré divina a Marruecos”

    • El dinero se multiplica: la moneda oficial del país es el dirham. En la conversión de moneda 1 Euro es igual a 11,33 Dirham.
      Si vas a cualquier puesto de plaza, la comida te costará 50 dirhams (4,47€) y, en los restaurantes, 60 dirhams (5,36€). Como podéis ver me encanta haceros leer la palabra dirhams. Ahí va otra: dirhams.
    • Comida: el menú marroquí ha absorbido influencias del mundo árabe, de Andalucía y, más recientemente, de Francia, pero el principio fundamental sigue siendo echarlo todo a la cazuela y dejarlo cocinar muy lentamente. El plato nacional es el tajín, un guiso de cordero o pollo con hortalizas variadas y olivas, con limones a la conserva. El segundo más importante es el cuscús, una sémola similar al arroz que se mezcla con hortalizas también.
Cuscús de verduras

Cuscús de verduras

    • Visitar Djemaa el-Fna en Marrakech (y las medinas en general): todo el mundo dice que la plaza es puro espectáculo; a las 8:00 A.M llegan los vendedores de zumo de naranja y, seguidamente, los encantadores de serpiente, músicos, malabaristas, artesanos y un largo etcétera. Ahí encuentras puestos callejeros de comida (como la de arriba) y, por la noche, puedes ver a un grupo de africanos bailando a ritmo de diferentes instrumentos de percusión. Este debe ser el peor vídeo que debe existir en Youtube sobre los músicos pero, como me ha hecho gracia el movimiento del gorrico, lo pongo:


    • Visitar el desierto: y pararme, de paso, por el Valle del Draa, sólo por ver su increíble palmeral. Ponerme un pañuelo como si fuera un tuareg y montar en camello por el Sahara, para pasar allí la noche. Según he leído en Internet es increíble la experiencia de estar rodeada de dunas, en el campamento, contemplando el cielo estrellado. 
    • Gastar mis dirhams en los zocos: típicos mercados marroquíes distribuidos a lo largo de pequeñas calles con techos cubiertos de cualquier tela o material para que no pase la luz. Como los de Aladdín, vamos.
      En estas tiendas se encuentran alfombras y objetos fabricados por carpinteros, alfareros y un largo etcétera que ya te puedes imaginar. Son bastante pesados, pero en el mercadillo de mi barrio también, así que no hay problema.
    • Mezquita Kutubía: es el icono más destacado de Marruecos; sólo se puede apreciar desde fuera porque los franceses crearon una ley conforme nadie podía entrar a las mezquitas del país si su religión no era el Islam.
      Como curiosidad, este edificio tuvo que ser construido dos veces porque la primera vez no estaba bien orientado hacia la Meca. Soy fan de estas pérdidas de tiempo, son muy españolas.
Mezquita Kutubía

Mezquita Kutubía

    • Quedarme maravillada con Chefchaouen: las calles de este pequeño pueblo son de color azul y, además, cuenta con unas cascadas increíbles:
Chefchaouen calles

Calles azules de Chefchaouen

Chefchaouen

Estrecha calle de Chefchaouen

  • Recorrer las gargantas del Todra y Dadés: son las dos gargantas más famosas antes de acceder al desierto. Estas dos son las más turísticas por el simple motivo de que también son las más fascinantes. Puedes ver fotos aquí.
  • Visitar el museo de las Artes marroquíes: en Internet pone que no vale un pimiento, que el entorno está mal aprovechado y que sólo fueron porque valía 10 (que viene, que viene) dirhams. De todas formas, yo quiero ir a ese y a todos, porque he estudiado Historia del Arte y me encantan los museos (#instafreak #instaomg). De hecho, sólo viendo esta pequeña zona del museo ya tengo ganas de ir:
Fuente Museo Arte Marruecos

Fuente en el Museo de las Artes marroquíes

1 motivo por el que mi madre no quiere que visite Marruecos

Ya os mostré la cara que puso mi madre cuando le dije que quería visitar este país. El motivo básico por el que quiere que me quede en casa es porque tiene miedo de que me pase lo que le ocurrió a la mujer de Don Ferico: que me hagan picadillo y me pongan en la sartén.

¿Es Marruecos peligroso?

Sí y no. Si me preguntas si mi barrio es peligroso, te responderé lo mismo: hay estafas, robos y violencia gratuita, pero sobretodo si eres un despistado y acudes dónde no te llaman, como en todos los países.

Por otra parte, todas las personas que conozco que han visitado el país me aseguran que los marroquíes son muy hospitalarios, que jamás percibieron ni un ápice de peligro y que lo único que debes seguir son consejos básicos como, por ejemplo, ir con cuidado con el bolso en los zocos, no pasear por zonas poco transitadas, al anochecer visitar la ciudad con un taxi y, si vas a visitar el desierto, hacerlo con un guía de confianza.

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