Turismo en Marruecos

Turismo en Marruecos: la doble cara de su seguridad

Me presento. Soy Carlota, una ingeniera burgalesa de 24 años que en pocos días empezará a trabajar ‘de lo suyo’ mientras da clases a chavales, estudia para ser profesora con contrato y da cuerpo a un proyecto sobre la inmigración ilegal de menores desde Marruecos. Hoy vengo a hablaros, precisamente, del Turismo en Marruecos.

Hoy vengo a hablaros de turismo en marruecos

En 2010 bajé al moro por primera vez con unas amigas y en menos de dos años ya había vuelto 5 veces.

Al terminar la carrera, por inercia, me marché a vivir a Londres. Conocía bien la ciudad antes de llegar pero no tardé ni 4 meses en hartarme de todo. Estuve en el lugar adecuado en el momento oportuno y, de la noche a la mañana, cogí mis cosas y me planté a vivir en Rabat.

Marruecos, lejos de lo que la gente pueda pensar, es un país increíble, tranquilo pero con mucha vida, hospitalario y muy amable. Un lugar que sacude la vida de todo aquel que viaja con la mente abierta pero, sobretodo, con ganas de ser mejor persona.

Son muchos los prejuicios que existen hacia los marroquís y hacia su cultura, pero casi todo que se sabe sobre ellos, se sabe mal. La mala fama les precede y, en la inmensa mayoría de los casos, es tremendamente injusta. No digo que sea el mejor país del mundo, es evidente que se hacen muchas cosas mal, pero si pueden ser corregidas… ¿por qué no formar parte de esa labor?


Turismo en Marruecos: La Extrema Seguridad al Turista

Si hay algo que ha marcado muchas de nuestras experiencias en Marruecos es la corrupción policial que hay allá donde mires. Al contrario de lo que muchos puedan pensar, existe una gran protección al turista y a diario pasean decenas de policías vestidos de paisanos para velar por la seguridad del visitante.
Si tienes el pasaporte rojo, como dicen ellos, tranquilo, que muy torpe tienes que ser para que te ocurra algo malo.

Otro tema es cuando se trata de cuidar de sus propios ciudadanos… Se han creado una gran cantidad de leyes absurdas que cortan la libertad de los habitantes de este país y dificultan su ‘día a día’.

Aquella noche en Marrakech le preguntamos a nuestro amigo Abdul (Pedro para los amigos) cómo llegar a un hostal. Él no podía llevarnos porque estaba trabajando y cualquier indicación que nos fuera a dar dentro de la laberíntica medina era absurda. Así que le pidió a un colega que nos llevara y, cuando nos disponíamos a seguirlo, nos advirtió: “No, ¡no! Que vaya el 4 pasos delante de vosotras, que si la policía le ve puede pensar que está haciendo de falso-guía y la liamos.”

Aquel día en el zoco hubo una discusión entre un turista y el dueño de una de las tiendas. La cosa se puso fea y el dependiente le gritó, con un inglés perfecto, “Fuck you”. Casualidades de la vida, dos policías de incógnito pasaban por allí y se lo llevaron detenido.

Aquellas tardes en las playas de Essaouira, disfrutando del ambiente que allí se respira. Si la policía ve a un turista fumando hachís, kifi o lo que caiga, como mucho te van a hacer un gesto invitándote a ‘que no se note tanto lo que estás haciendo’. Sin embargo, si el que fuma, o incluso bebe, es un marroquí, unas cuántas noches en el calabozo no se las quita nadie.

Aquel día volviendo de Sidi Harazm, ochenta y la madre en un mismo coche nos pararon. Si eres lo suficientemente blanquito… machi muskil, amego. Los policías se quedan ciegos por un momento. Pero si no, oficialmente se te cae el pelo. Siempre y cuando no tengas a mano 50 dirhams (5 eurillos) que el señor agente los cogerá amablemente y hará como si allí no hubiera pasado nada.

Aquellas madrugadas en el puerto de Tánger, con jóvenes peleando por meterse en los bajos de un camión rumbo a España. El pequeño al que pillen tiene unos cuantos palos más que asegurados, por si se le vuelve a ocurrir intentarlo. A no ser que, nuevamente, los chavales tengan unos cuántos dirhams por ahí sueltos y ahí ya la cosa cambia.

Aquella mañana en la playa de Tánger, jugando con el balón. Al policía que rondaba por allí le debió gustar mucho y, después de dos avisos, vino en su quad y nos lo robó, alegando que aquel no era un sitio para estar con la pelota. Estoy segura de que si sólo hubiera habido pelirrojas jugando no sólo no se la hubiera llevado sino que se hubiera unido al juego, que les gusta mucho una rubia. Pero no fue el caso. Durante esos días volvimos tres veces a por ella y no la hubiéramos recuperado si no fuera porque un colega tenía sus ‘contactos’ en la playa.

Pero, sin duda, la mejor experiencia con la policía fue en Fez.

El Día que la Policía Pensó que una Familia Marroquí me había Secuestrado

Habíamos salido a comprar algo de comida en la medina y yo no cogí ni el pasaporte ni el DNI. Iba con mi amigos Pablo y Abdillah caminando por la calle y un furgón de policía paró al lado nuestro.
La cosa empezó como una conversación normal pero acabó en una discusión en árabe, para más INRI, difícil de olvidar. Con unos cuántos curiosos alrededor, nos invitaron a entrar en el vehículo. Uno de los guardias llevaba una gorra de la armada americana y fue entonces cuando pensé que aquello se ponía interesante.
Mientras ladraban y, supongo, intentaban demostrar su autoridad, nos miraban a los dos europeos con cara de “¿Qué hacéis vosotros en este barrio?”
En ningún momento sentí que algo serio fuera a pasar, pero tampoco fue la situación más cómoda de mi vida. Yo trataba de entender qué estaba ocurriendo, sentada en mi asiento que estaba hecho unos zorros, mientras Pablo, que era su primera vez en Marruecos, me preguntaba que si podríamos hacernos una foto con los guardias.
Nos llevaron a una comisaría que no se la deseo a nadie. Todo estaba muy oscuro y olía a cerrado que echaba para atrás. Sólo había una mesa de madera antigua en la que nos esperaba otro guardia, un banco de madera en el que estuvimos que esperar un buen rato, disfrutando del fresquito que hacía en un sitio tan acogedor, y una foto del rey, al que seguramente no le gustaría ni un pelo leer todo esto.

Ese mañana no tendrían mucha gente a la que tocar las narices y decidieron pasar el rato con nosotros. Fue divertido, la verdad.
Nos pidieron la documentación y Pablo al menos llevaba su DNI pero yo no llevaba ni vaselina. Contra todo pronóstico, eso dio completamente igual porque al viajero, igual que al rico, se le perdona todo. Lo importante era que estábamos viviendo en una casa y no nos habíamos registrado. ¿Que qué es eso de registrarse? Chorradas.

Si vas a hospedarte unos días en casa de alguien dice la ley que debes registrarte en la ‘Gendarmerie’ para así estar más seguro. Y más controlado también. Digamos que la familia que te acoge debe firmar una autorización, sellada por las autoridades, de manera que ellos se comprometen a hacerse responsables de lo que a ti te pueda ocurrir. El control y la dictadura que viven los ciudadanos quizá no se vea a gran escala, pero sí en pequeños detalles que hacen que la gente no tenga libertad total.
Se me olvidaba; esto sólo pasa si te alojas con una familia pobre. Son la mayoría en Marruecos y a las autoridades les hace especial ilusión tocarles la moral cada día. Si la familia es rica no hay de qué preocuparse.

Abdillah se quedó fuera discutiendo con un par de guardias y el policía que estaba dentro con nosotros se llevó el DNI de Pablo y tardó en volver el tiempo necesario para que empezara a oler a caquita. Nos hicieron preguntas sobre nuestro vuelo de vuelta y por un momento pensé que no nos iban a dejar coger ese avión… Pablo no dejaba de hacer bromas y prometió enviarme comida y mantas desde España para hacerme más llevadera la estancia en ese hoyo.

Entonces llegó otro policía, al que aún no habíamos visto, y se quedó parado delante de nosotros, con la misma actitud que se queda un profesor en primaria cuando haces algo mal. Nos preguntó de todo en francés, igual que hacían todos por allí. Cuando por fin se quisieron dar cuenta de que aquel no era nuestro idioma llamaron a otro para que viniera. Este último hablaba inglés y, después de explicarle que no estábamos en aquel barrio porque alguien nos hubiera secuestrado, terminé enseñándole algunas fotos de mi cámara para que viera que nuestro testimonio era cierto; que llevábamos varios días allí y que estábamos por voluntad propia.

La situación pasó entonces a ser un poco menos tensa, hasta tal punto que llegaron a hacer alarde de su carácter marroquí y les faltó invitarnos a quedarnos para tomar un té todos juntos. Nos pidieron perdón por las molestias y se despidieron deseándonos que tuviéramos un buen día.

No recuerdo cuánto tiempo estuvimos allí pero lo que está claro es que si hubiéramos querido darles unos cuántos dirhams, nos hubiéramos ahorrado toda la parafernalia.
A la mañana siguiente tuvimos que ir a la comisaría oficial de la zona centro, un lugar enorme, muy limpio y perfectamente cuidado, para llevar la dichosa autorización firmada y sellada. Y, al fin, se quedaron contentos y satisfechos.

Con esto no quiero asustar al personal ni quitar las ganas a nadie de alojarse con una familia. Al contrario. Si los anfitriones te piden que hagas el papel, obviamente se debe hacer. Lo único que hay que hacer es poner el número de tu pasaporte con tus datos y firmar. Pero lo más probable es que no lo hagan y, si ese día le apetece al policía de turno tocar las narices, como mucho vas a acabar en comisaría de mala muerte, explicándole al guardia que ese morito que va contigo no te ha secuestrado, ni te ha robado, ni te ha forzado. Que no llevas documentación encima porque has salido sólo a dar una vuelta, y que estás absolutamente encantada de estar en un país que vela tanto por la seguridad de sus queridos turistas

Espero que hayas disfrutado de este post tan sincero sobre el turismo en Marruecos. Si quieres seguir a Carlota, puedes hacerlo aquí

Arte Egipcio

Guía para interpretar el arte egipcio (Parte I)

Si tienes intención de viajar a Egipto o simplemente te interesa su historia, estoy convencida de que te gustaría saber interpretar su arte y sus jeroglíficos. 

Interpretar Arte Egipcio

Si hoy hablara de los diferentes tipos de Jesucristos que podemos encontrar a lo largo de la historia de la iconografía, abandonarías mi blog haciendo el moonwalk, ¿por qué?

Por qué el arte egipcio interesa y cualquier otro es súper aburrido

Durante siglos, nos han hecho creer que el arte egipcio esconde cientos de misterios: la construcción de las pirámides, la maldición del faraón, la muerte de Tutankamon y un largo etcétera. Lo cierto es que todo esto es un GRAN ÑORDO.

Si algún día estás buscando un documental interesante y encuentras alguno llamado “El misterio de los faraones”, “El gran enigma de Egipto” o alguna chorrada así, te recomiendo que no lo veas porque estarás tirando tu tiempo en mentiras.

Está claro que todas estas patrañas construidas alrededor del tema han conseguido aumentar tu interés y el mío acerca de la historia de esta civilización, de su arte y de sus jeroglíficos. La buena noticia es que una vez que empiezas a estudiarlo es incluso más interesante de lo que parecía.

Hoy voy a empezar una guía de conocimientos básicos para que, si alguna vez visitas Egipto, no te sientas perdido. Los conocimientos son los que he aprendido en la asignatura de Arte Egipcio en la Universidad Autónoma de Barcelona y leyendo libros por mi cuenta, por lo que sé interpretar representaciones artísticas básicas pero no sé leer jeroglíficos, tal y como explico en este collage que he hecho con una fotografía que me hicieron mientras me giraba en una cena y que siempre enseño como mi peor imagen. Salgo con cientos de pliegues en el cuello y tengo similitud a un velociraptor:

Principios básicos a conocer antes de empezar a interpretar

En Egipto todo se basa en la idea de la renovación porque la población había visto durante toda su vida dos constantes:

  • El renacimiento diario del Sol: Si alguna vez has visitado Egipto, te habrás dado cuenta de que una de sus características más reconocibles es que destaca por su luminosidad. Por este motivo, el Sol siempre fue un elemento clave en la cultura. Existen 12 horas de luz y 12 de oscuridad y esta idea forma parte del pensamiento religioso de Egipto: creían que una barca solar hacía un recorrido durante estas 24 horas, donde había un trayecto de luz y otro de oscuridad.
    El Sol pasará a ser divinizado como Ra, creador de la luz y de la vida y será el principio activo de todas las cosas.
  • El renacimiento anual del río: imagínate a un egipcio – el pobrecico, nacido antes del Humanismo, sólo conoce lo que ve. Si ya ha empezado a adorar a esa gran bola amarilla que acecha desde el cielo cada día, no tardará en divinizar al río Nilo bajo el pseudónimo de Nil-Hâpy.
    Hay que tener en cuenta que se trata de un país seco y que, si no llega a ser por este río, la vida no hubiera sido posible. De hecho, la población estaba súper concentrada porque sólo era posible sobrevivir en las orillas del río Nilo como agrícola. Para que te hagas una idea: de todo el territorio de Egipto, sólo un 3,5% estaba habitado.
    La inundación anual del río desde julio hasta finales de octubre hará que los egipcios inventen mitos y creencias porque, una vez pasada la inundación, encontraban tierra negra donde se podía cultivar. Esto se vería como el renacimiento de la naturaleza y, por extensión, de la persona.

Idea secundaria a tener en cuenta: los egipcios se hubieran sacado selfies

Los egipcios eran unos creídos increíbles y unos egocéntricos de cuidado.

Lejos del río Nilo sólo encontrábamos desierto y cadenas montañosas, es decir, barreras naturales que protegían Egipto de futuras invasiones. Aislado y protegido como la Pantoja cuando salió del juicio, éste será un estado difícil de invadir.

En el oeste, por ejemplo, encontramos el desierto de Libia, con pocos oasis y difícil de atravesar, al este el desierto y el Mar Rojo separan Egip… Blablabla, no me voy a enrollar, el caso es que este aislamiento generó un fuerte sentimiento de etnocentrismo y superioridad.

Como mantenían algo de contacto con Libia y les veían pues, pobrecicos, un desarrollo cultural inferior, creyeron que ellos eran mejores por gracia de los dioses.

El monarca (que no faraón)

Tenemos la manía de llamar faraón al monarca, cuando en realidad faraón lo era hasta el más tonto (siempre y cuando formara parte de la corte). De hecho, hasta el Imperio Nuevo no designará al monarca.

Si visitamos Egipto y vemos esta imagen, seguramente nos sorprendamos… ¡porno!

Pero no, en Egipto los reyes eran considerados por la sociedad como dioses y, por lo tanto, todas sus acciones estaban justificadas por su carácter divino y eran indiscutibles.

Uy, menuda piedra acabo de tirar. El caso es que es un elemento clave para comprender la cultura egipcia: los reyes tenían doble naturaleza porque eran tanto humanos como divinos.

En la primera imagen lo que veías era la lactancia divina, donde el monarca está recibiendo leche de una diosa para que quede claro que él también lo es.

Curiosidad: en el enterramiento del monarca

Estas mujeres están bailando Thriller. Este baile fue popularizado por Michael Jackson pero ni de lejos lo inventó él: como podéis… Que no, que ya dejo de inventar.

Lo que realmente representa esta imagen es un grupo de mujeres conocidas como “las plañideras” con la postura iakbyt; en este caso, forman parte de un ritual de enterramiento y están con los pechos descubiertos porque se están rompiendo las vestiduras, mientras mueven los brazos para indicar sufrimiento y dolor se tiran de los pelos o se echan tierra sobre la cara.

Lo curioso es que estas plañideras eran mujeres a las que se les contrataban para que lloraran en el funeral (soy fan de esta idea); por lo tanto, contra más mujeres llorando, más dinero tenías. Resulta gracioso porque tampoco lo veían como algo teatral, era algo así como un arte y, si lo hacías bien, eras capaz de llamar la atención de las divinidades para que protegieran al difunto en el súper peligroso viaje hacia el Más Allá.

Y ya dejo de escribir porque llevo varias horas y le gusta a una ver también series.

Si te ha gustado esta primera parte de la guía y te da pereza comentar, por favor, haz like en la barrita de la izquierda o un ‘G+’. ¡¡Muchas gracias y que tengáis un domingo increiblelululupap!!

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gambia

África: Gambia, la sonrisa de Senegal

¡Hola!

Aquí os dejo un artículo que ha escrito Betty sobre su visita a África, que estuvo bastante gafada. Me ha parecido que estaba tan bien redactado y me ha hecho tanta gracia la anécdota del taxi que no he podido evitar publicarlo hoy, aunque quería esperar a la semana que viene.

Espero que lo disfrutéis tanto como yo.

Judith

Al be ñaading (“hola”, en mandinga).

Se dice que Gambia, vista desde un mapa, parece la sonrisa de Senegal (según los románticos), el estómago de Senegal (según los pragmáticos) o el relleno del bocadillo (según los cínicos).

Mapa de Gambia y Senegal

Mapa de Gambia y Senegal

En muchas guías y webs leí que Gambia y Senegal eran las mejores opciones para adentrarse en lo que se llama “África negra”, y creo que es cierto, ya que están en un término medio entre lo idílico y lo desolador. Es decir, no gozan de un interés turístico ni de una flora y fauna tan espectacular como la que se ve en los documentales sobre Kenia o Tanzania, por ejemplo, pero tampoco la pobreza y la hambruna es tan acusada como cuando vemos imágenes de Somalia o Etiopía.

Mujeres en Serrekunda

Mujeres en Serrekunda

En Gambia no pasa nada

Gambia, no pasa nada” o “Españoles, no problema” es lo que dicen a todas horas para tranquilizar a los turistas cuando se les acercan para pedir u ofrecer algo. Es irónico porque, realmente, hay poco que hacer en Gambia, turísticamente hablando. Allí chapurrean mucho el español, y gracias a Messi y compañía, los catalanes sobre todo, somos muy bien recibidos. También dicen mucho “Hola, hola, Coca-cola”, ellos sabrán por qué.

Gambia es un país muy pacífico y la gente es muy, muy agradable, pero también puede llegar a ser muy pesada. Lo digo sin acritud y sin prejuicios, pero es que te ven blanco y turista y no puedes dar dos pasos sin que se te echen encima para ofrecerte o pedirte algo, más aún si llevas algo de valor encima. Los gambianos no te robarán ni te harán daño, pero no tienen límite en hacerse pesados hasta que no lo soportes más y acabes dándoles algo solo para que desaparezcan de tu vista. Después de este viaje, no me cuesta nada quitarme de encima a los comerciales pesados y a los testigos de Jehová. África me ha hecho más fuerte.

Allí descubrí qué debe sentir una celebrity. Nada más llegar al aeropuerto de Banjul se nos avalanzó una multitud de gente ofreciéndose a llevarnos en taxi y algunos hasta te cogían el equipaje sin decir nada y se iban, con lo que tenías que ir detrás, esquivando a la marabunta, para recuperarlo y negociar con ellos. Fue un rato de histeria que me hubiera gustado poder inmortalizar.

En el aeropuerto no estábamos tan tranquilos como estos

En el aeropuerto no estábamos tan tranquilos como estos

Su moneda es el gambian dalasi y vale mucho menos que el euro (1 dalasi (GMD) = 0,02€), lo que hace que viajar allí sea relativamente barato, aunque según cómo se mire. Los imprevistos están a la orden del día debido a las malas infraestructuras, y por todo tienes que pagar, ya que no hay alternativas, y si además no controlas lo de las propinas, puede que se te escape el presupuesto más de lo que crees. Por otro lado, al revés que en Europa, el alcohol y el tabaco son mucho más baratos. Al cambio, un paquete de Marlboro te podía costar unos 30 céntimos.

Ya que Judith está tan cervecera, pongo la cerveza de Gambia. Buenísima.

Ya que Judith está tan cervecera, pongo la cerveza de Gambia. Buenísima.

Al fin, conseguimos coger un taxi hecho polvo que tendría más de veinte años y el taxista Buba Bob Marley (así decía llamarse) puso un cassette de reggae y me dio una manivela oxidada por si quería bajar la ventanilla. El aire olía diferente (y no me refiero al tópico de que las personas de color huelen mal, que no me lo pareció en absoluto, salvo alguna excepción, claro, igual que aquí), si no a algo exótico y agradable. Era enero pero era verano. Todo estaba oscuro y bastante desierto. Aún no teníamos claro si aquello era un taxi (porque era de color verde) ni si el taxista era de fiar o no (porque nos había visto cambiar mucho dinero en el aeropuerto), pero en ese momento, me sentí más viva que nunca. Por fin fui consciente de que la aventura había empezado.

El hotel, según las críticas que tenía, pensábamos que sería bastante cutre, porque era el más barato que vimos. Para nuestra sorpresa, era una maravilla de dos estrellas; una especie de resort, con piscina, bungalows y jardines llenos de monos saltando por los árboles. Para nuestra decepción, que íbamos, como aquel que dice, con ganas de ver tribus y leones, aquello estaba lleno de guiris, blancos como la leche. Estábamos en una zona básicamente turística de Serrekunda, la ciudad más grande de Gambia. Como había sido colonia inglesa, básicamente había ingleses.

Complejo hotelero África

Si no fuera por la mirinda, digo… la Fanta de hace treinta años, podríais pensar que estoy en Salou, pero no, es África. De verdad.

Lo que estoy comiendo ahí, que parece un arroz a la cubana, se llama Domoda y es el plato típico gambiano. Está hecho a base de pollo, crema de cacahuete, ajo, cebolla, tomate y arroz, aunque se le pueden poner más cosas. Ese en concreto sabía a paella requemada. Los camareros eran increíblemente simpáticos.
Como todo complejo turístico que se precie, el hotel también ofrecía espectáculos.

El de la cara pintada no hacía más que mirarme fijamente y a partir del 1:03, me dio cosilla seguir grabando. Los movimientos obscenos de cadera no se llegan a ver pero, con esa cara, creedme, daba cosilla.

Tranquilos, no somos de esos que viajan para no salir del hotel

La idea principal era pasar dos días en Banjul (capital de Gambia), luego dos semanas de ruta por Senegal y volver a Gambia, una semana más. Como viajábamos con Spanair y la compañía quebró a mitad del viaje, tuvimos que quedarnos en Senegal, así que en Gambia solo estuvimos dos días, pero hicimos algo más que estar en el hotel bebiendo mirindas y cervezas a 20 céntimos. También vimos otras cosas, como la playa (primera vez que vi el Océano Atlántico).

Kololi Beach

Kololi Beach

Nos hicimos amigos de Baba, un hombre que nos hizo de guía y nos ayudó mucho a movernos por allí, ya que al ir con él, la gente no nos avasallaba tanto. Le conocimos en la calle, fue uno de tantos que vino en plan pesado pero nos cayó muy bien. Hablamos con él durante un buen rato, de pie, bajo el sol (africano) de mediodía. Un vecino que llevaba rato observándonos, nos trajo un banco para que nos sentáramos a la sombra. ¡Qué gente más maja!

Xavi y Baba en la sombra. Yo en el sol. ¿?

Xavi y Baba en la sombra. Yo en el sol. ¿?

Baba nos consiguió un taxi y nos acompañó a pasar el día por Serrekunda, una ciudad que, básicamente, es un mercado enorme, por el que merecería la pena pasearse tranquilamente. Allí mucha gente no quiere que se les haga fotos, así que mejor pedir permiso o ser discreto.

Mercado de Serrekunda

Mercado de Serrekunda

Después de visitar Serrekunda, camino del hotel, el taxi empezó a hacer tonterías: que si ahora se para, que si ahora no arranca, que si ahora hace ruido, que si ahora empieza a echar humo… ¡Dios! ¡Que va a explotar el motor! ¡Fuera, todos fuera! ¡Pum! En cinco minutos el taxi estaba carbonizado. Me sentí como la superviviente de una peli de acción. Sólo era el segundo día en África, no había más remedio que tomárselo con humor.

Pánico taxi africano

Mi cara de Simpson cada vez que subía a un taxi. Extintor a mano.

Llegamos al hotel haciendo autostop, con Baba. Llamó a otro taxista y fuimos a visitar Banjul. No es que sea una ciudad con mucho atractivo. Lo más destacado que pudimos ver es el Royal Albert Market (más de lo mismo; calles y calles llenas de mercado, paradas de fruta y verdura, de ropa, de manualidaes, de instrumentos, etc.) y, prácticamente, el único monumento de la ciudad, junto con un par de mezquitas: el Arch 22, un arco en la entrada a la capital construido en 1996 y diseñado por el arquitecto senegalés Pierre Goudiaby, que conmemora el golpe de estado militar que tuvo lugar el 22 de julio de 1994. Mide 35 metros de altura, con lo que se pueden ver las vistas de la ciudad, y dentro, alberga un museo textil.

Arch 22

Arch 22

Lo último que pudimos visitar fue la desembocadura del río Gambia (de ahí el nombre), un río navegable que atraviesa todo el país, y que su orilla estaba llena de comerciantes y pescadores. Todo tenía un aspecto bastante decadente pero la gente transmitía mucha calma.

barco playa africana

Cayuco y gato (parece el nombre de una peli japonesa)

Trabajo africano

Sus quehaceres

Africa decadente

A esto me refiero con decadente…

Al estar solo dos días, tengo la sensación de que nos perdimos cosas mucho más interesantes pero también de haber conocido gente totalmente diferente que —aunque suene a topicazo—, pese a tener muy poco, no pierden la sonrisa y la generosidad.

Próximamente, si no os he aburrido ya demasiado, os contaré nuestra lucha por la supervivencia en Senegal y cómo un viaje no se puede gafar más.

Fo tuma doo (“adiós”, en mandinga).

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10 razones por las que quiero visitar Marruecos

Hace unos días dije que estaba deseando irme a Marruecos porque nunca había salido de Europa y esta ciudad era la que mejor se ajustaba a lo que buscaba. Todo mi entorno reaccionó de la misma manera; me advirtieron de que era un país demasiado peligroso y que no me daba cuenta de que así no, que no iba bien.

En este post explico diez razones de peso por las que quiero ir a este país y, al final, su situación actual.

Cómo se distribuye el país

Antes de empezar a leer debes saber que este país africano, se divide -básicamente- en cuatro ciudades imperiales, Fez, Marrakech, Meknes y Rabat; y en dos ciudades comerciales Casablanca y Tánger.

visitar Marruecos

“Yo pensaba que Marruecos y Marrakech era lo mismo”

10 razones para visitar Marruecos

    • Por proximidad: si vives en el norte de España, el vuelo que une tu ciudad a Marruecos es de tan sólo de 3h. Es muy poco tiempo si lo comparas con otros países exóticos como, por ejemplo, Tailandia.
      Para ponernos en situación, te diré que si te ducharas y maquillaras al salir de casa hacia el aeropuerto, llegarías igual de guapa a Casablanca y no te despeinarías ni aunque bailaras como esta niña tan flipada en el pasillo del avión:
flipada

“Llegaré divina a Marruecos”

    • El dinero se multiplica: la moneda oficial del país es el dirham. En la conversión de moneda 1 Euro es igual a 11,33 Dirham.
      Si vas a cualquier puesto de plaza, la comida te costará 50 dirhams (4,47€) y, en los restaurantes, 60 dirhams (5,36€). Como podéis ver me encanta haceros leer la palabra dirhams. Ahí va otra: dirhams.
    • Comida: el menú marroquí ha absorbido influencias del mundo árabe, de Andalucía y, más recientemente, de Francia, pero el principio fundamental sigue siendo echarlo todo a la cazuela y dejarlo cocinar muy lentamente. El plato nacional es el tajín, un guiso de cordero o pollo con hortalizas variadas y olivas, con limones a la conserva. El segundo más importante es el cuscús, una sémola similar al arroz que se mezcla con hortalizas también.
Cuscús de verduras

Cuscús de verduras

    • Visitar Djemaa el-Fna en Marrakech (y las medinas en general): todo el mundo dice que la plaza es puro espectáculo; a las 8:00 A.M llegan los vendedores de zumo de naranja y, seguidamente, los encantadores de serpiente, músicos, malabaristas, artesanos y un largo etcétera. Ahí encuentras puestos callejeros de comida (como la de arriba) y, por la noche, puedes ver a un grupo de africanos bailando a ritmo de diferentes instrumentos de percusión. Este debe ser el peor vídeo que debe existir en Youtube sobre los músicos pero, como me ha hecho gracia el movimiento del gorrico, lo pongo:


    • Visitar el desierto: y pararme, de paso, por el Valle del Draa, sólo por ver su increíble palmeral. Ponerme un pañuelo como si fuera un tuareg y montar en camello por el Sahara, para pasar allí la noche. Según he leído en Internet es increíble la experiencia de estar rodeada de dunas, en el campamento, contemplando el cielo estrellado. 
    • Gastar mis dirhams en los zocos: típicos mercados marroquíes distribuidos a lo largo de pequeñas calles con techos cubiertos de cualquier tela o material para que no pase la luz. Como los de Aladdín, vamos.
      En estas tiendas se encuentran alfombras y objetos fabricados por carpinteros, alfareros y un largo etcétera que ya te puedes imaginar. Son bastante pesados, pero en el mercadillo de mi barrio también, así que no hay problema.
    • Mezquita Kutubía: es el icono más destacado de Marruecos; sólo se puede apreciar desde fuera porque los franceses crearon una ley conforme nadie podía entrar a las mezquitas del país si su religión no era el Islam.
      Como curiosidad, este edificio tuvo que ser construido dos veces porque la primera vez no estaba bien orientado hacia la Meca. Soy fan de estas pérdidas de tiempo, son muy españolas.
Mezquita Kutubía

Mezquita Kutubía

    • Quedarme maravillada con Chefchaouen: las calles de este pequeño pueblo son de color azul y, además, cuenta con unas cascadas increíbles:
Chefchaouen calles

Calles azules de Chefchaouen

Chefchaouen

Estrecha calle de Chefchaouen

  • Recorrer las gargantas del Todra y Dadés: son las dos gargantas más famosas antes de acceder al desierto. Estas dos son las más turísticas por el simple motivo de que también son las más fascinantes. Puedes ver fotos aquí.
  • Visitar el museo de las Artes marroquíes: en Internet pone que no vale un pimiento, que el entorno está mal aprovechado y que sólo fueron porque valía 10 (que viene, que viene) dirhams. De todas formas, yo quiero ir a ese y a todos, porque he estudiado Historia del Arte y me encantan los museos (#instafreak #instaomg). De hecho, sólo viendo esta pequeña zona del museo ya tengo ganas de ir:
Fuente Museo Arte Marruecos

Fuente en el Museo de las Artes marroquíes

1 motivo por el que mi madre no quiere que visite Marruecos

Ya os mostré la cara que puso mi madre cuando le dije que quería visitar este país. El motivo básico por el que quiere que me quede en casa es porque tiene miedo de que me pase lo que le ocurrió a la mujer de Don Ferico: que me hagan picadillo y me pongan en la sartén.

¿Es Marruecos peligroso?

Sí y no. Si me preguntas si mi barrio es peligroso, te responderé lo mismo: hay estafas, robos y violencia gratuita, pero sobretodo si eres un despistado y acudes dónde no te llaman, como en todos los países.

Por otra parte, todas las personas que conozco que han visitado el país me aseguran que los marroquíes son muy hospitalarios, que jamás percibieron ni un ápice de peligro y que lo único que debes seguir son consejos básicos como, por ejemplo, ir con cuidado con el bolso en los zocos, no pasear por zonas poco transitadas, al anochecer visitar la ciudad con un taxi y, si vas a visitar el desierto, hacerlo con un guía de confianza.

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